sábado, 22 de agosto de 2009

La carrera profética de Ernie Knoll. Por Loren Seibold

Cuando era más joven, me dieron algunas cartas (cartas, niños, era la forma en que esparcían rumores en la iglesia, antes de la llegada de internet), distribuido por una mujer Adventista del Séptimo día que decía que Dios la había elegido ser un nuevo profeta para nuestra iglesia. Algunos de los mensajes eran sólo estímulos para volver a abrazar nuestro endoculturado1 adventismo apocalíptico.

Algunos estaban un poco más "locos"-uno de ellos- recuerdo, afirmaba que todos los altos oficiales de la denominación, como Neal Wilson, había sido sustituido por un "doble" jesuita, quirúrgicamente alterado. Quise creer que Dios todavía hablaba a la humanidad, pero el mensajero no ganó mi voto, especialmente cuando se reveló que padecía un tumor cerebral -cambios fisiológicos en los órgano que puede tener impredecibles consecuencias de la conducta-.

Aprendí que hay una pequeña subcultura de los adventistas cuyos detectores de lo absurdo, no se alarman cuando oyen este tipo de cosas -de hecho están- encantados por ello y torcerán la realidad para creer en ella.

No piense que esto esta todo en el pasado, considerando la carrera profética contemporánea de un Adventista del Séptimo Día de California llamado Ernie Knoll. Sabía de Ernie porque entre sus seguidores en todo el mundo esta un grupo de creyentes aquí en Ohio. Ernie había trabajado en la administración del hospital, pero hace unos años dio un vuelco publicando y hablando de sus sueños proféticos.2

Las revelaciones de Ernie no eran necesariamente polémicas. Algunos eran apacibles y esperanzadoras visiones del cielo -por ejemplo, el estímulo a mantenerse firme en los últimos tiempos- y estaban bastante bien escritas. No es sorprendente que la mayoría los sueños se refieren a la escatología adventistas: predicciones del regreso inminente de Jesús, específicas y dramáticas descripciones del Tiempo de Angustia (con énfasis en las bolas de fuego cayendo del cielo), y afirmaciones de las doctrinas distintivas en previsión del retorno de Jesús.

Es habitual -casi de esperar- que las personas con la nueva luz de Dios, en algún punto concediesen el permiso para recibir los diezmos y ofrendas. Ernie tenía esa revelación, también.

Finalmente, algunos elementos parecían muy extraños. Uno era el testimonio via e-mail de una prostituta de nombre Candace quien dijo que había sido recogido en un coche por un ángel y le dijo debía buscar a Ernie Knoll, aunque no tenía ninguna relación previa con él o nuestra iglesia.

Luego hubo un e-mail pretendiendo ser de parte de un panel de académicos y líderes de la Iglesia Adventista que se hacían llamar el Consejo de la Gran Comisión o Great Commission Counsil (había miembros que individualmente deseaban permanecer en el anonimato debido a que algunos trabajaban para la iglesia), que se había conocido en un foro en línea secreta para estudiar los sueños de Ernie. El consejo, según decía el sitio web de Ernie Knoll, fue tan lejos como para contratar a un investigador privado para encontrar la ex prostituta Candace, que, cuando sin previo aviso, los representantes del Consejo llegaron a su puerta, fue capaz de dar la bienvenida por su nombre, porque su ángel le había dicho que venían. El consejo había aceptado en gran medida los sueños de Ernie como mensajero de Dios, hasta el punto de sugerir que Dios estaba haciendo el ministerio de uno de los críticos de Ernie ir a la quiebra a causa de su obstinación!

Entonces esta semana algo nuevo aparecieron en el sitio del ministerio en internet.

"La Junta del 'Ministerios para su Pueblo /4 His People Ministry' tuvo conocimiento de una información muy preocupante la semana del 15 de julio. Esta información nos ha llevado a creer que, aunque los sueños parecen ser de una fuente sobrenatural, ahora creemos que esta fuente es Satanás. Junto con las reuniones que se cancelan y la desautorización de futuras reuniones por parte de la Junta, por favor sepan que Ernie y Becky Knoll son suspendidos de toda actividad relacionada con 'Ministerios para su Pueblo /4 His People Ministry'. Por favor deje de aportar fondos a este ministerio.

Para aquellos de ustedes que leen el testimonio y/o reciben mensajes de correo electrónico de alguien con el nombre de "Candace," hemos sido capaces de determinar, mediante el seguimiento de la información IP de correo electrónico que Ernie Knoll es "Candace". Cuando fue presionado, admitió esto este 21 de julio a las 2:43 PM en una llamada telefónica a dos miembros de la junta del ministerio. También hemos determinado que la "Gran Comisión del Consejo / Great Commission Counsil" es también Ernie Knoll.

Instamos a todos los que tiene un "dream book / libro de sueños" a tirarlo, ya que ahora entendemos que hay elementos de control de la mente en ella. Le pedimos disculpas a todos los que han leído y creído estos mensajes".

No estoy feliz de ver a nadie públicamente expuesto como un fraude, en particular, a alguien que ha sido, al menos de vez en cuando alentador (que es más de lo que puedo decir de muchos de nosotros los adventistas). Pero me alegro por los miembros de la junta han probado y puesto en balanza a Ernie -a pesar de que ellos creían en Ernie y le enviaba dinero- están decepcionados.

¿Por qué tan fácilmente nosotros los adventistas nos vendemos a este tipo de cosas? Esto es lo expresado por Linda Kirk, una amiga de Ernie, quien ya había concluido que no era un verdadero profeta.

"Si Satanás tiene un objetivo específico en el mundo de hoy, sería un sincero Adventista del Séptimo día con mentalidad espiritual, que está suspirando y llorando por las abominaciones que hay en la tierra y en la iglesia. Están abiertos a la profecía, porque creen en el Espíritu de la Profecía. Están abiertos a la nueva luz, porque Elena G. de White dijo que habrá una nueva luz. Están abiertos a los sueños y visiones, ya que Elena de White tuvo sueños y visiones, y la Biblia profetiza que este tendrá lugar en los últimos días. Entonces, ¿qué otro engaño de Satanás podría utilizar para llegar a este grupo?"

Perdonen esta nota de grandiosidad sobre nosotros, Linda nos golpea en la cabeza: nosotros los adventistas realmente queremos escuchar la voz de Dios otra vez. Tanto es así que algunos creen que Dios está hablando, incluso cuando el mensajero parece un poco sospechosos.

Quizá por eso algunos de los seguidores de Ernie se mostraron reacios a renunciar a él. Una página web (ahora retirada) dijo: "Nos resulta difícil dar a Satanás, el crédito por el renovado amor por Dios, la renovada esperanza de la pronta aparición de Jesús, los pecados que han sido abandonados y la victoria obtenida desde la lectura de los sueños ". Es por eso que espero que a pesar del desemascaramiento, la carrera profética de Ernie podría continuar, incluso en la cara de los que "perdieron la esperanza"3.

Esto me hace preguntarme lo siguiente: si Dios realmente nos estaban enviando mensajes proféticos, ¿cómo podrían llegar a nosotros? Estamos muy escépticos, mucho más que la gente en los tiempos de Elena de White. En esta época de escrutinio microscópico, podría sobrevivir un verdadero profeta el descrédito el tiempo suficiente para ser escuchado?


Fuente: SpectrumMagazine.org / The Prophetic Career of Ernie Knoll
Autor: Loren Seibold es el pastor principal de la Worthington, Ohio, Iglesia Adventista del Séptimo Día. También edita un boletín informativo "Best Practices for Adventist Ministry" para los pastores de la División Norteamericana / Centro de Recursos para la Iglesia (Church Resource Center).
Traducción: Menesez Filipov, editor Ojo Adventista
Referencias: 1. endoculturización 2. Esta historia se está desarrollando en este momento, así que no se sorprenda si algunos enlaces en este artículo no están activos por el tiempo que haga clic en ellos. 3. original "disconfirmed expectancy"

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domingo, 16 de agosto de 2009

Las "iglesias milagrosas". Por Nathan Brown

Una visión más equilibrada de la acción de Dios en la iglesia.

De vez en cuando se ha informado por medio de diversas publicaciones de la iglesia, de la asociación local u otros relatos de primera, segunda o tercera mano, el aparente crecimiento y prosperidad de alguna de nuestras iglesias en cierto lugar del mundo. Como tema de informe y análisis, estas “iglesias milagrosas” aparecen y desaparecen, aunque pareciera que son un fenómeno omnipresente.

Da la impresión que nos gusta tener una iglesia o distrito milagroso a una distancia razonable de nuestra propia iglesia, y de alguna forma esto alivia nuestras frustraciones en relación con el aparente estancamiento de nuestra propia congregación.

Sin embargo éste no parece ser su único efecto. Es muy probable que tales informes también nos provoquen interrogantes como: “¿Por qué parece que donde yo estoy sucede tan poco, justo donde yo asisto a la iglesia?” “¿Qué podemos hacer al respecto?”

Una desilusión

No hace mucho, asistí a una de esas “iglesias milagrosas” de la cual se decía que es uno de los lugares “donde suceden cosas importantes”. Según el informe la asistencia se había incrementado entre un cincuenta a un ciento cincuenta por ciento respecto del año anterior. Pensando además en el nuevo templo y el programa misionero en plena ejecución, parecía ser el lugar apropiado para asistir a la iglesia.

Mi visita, sin embargo, me produjo una gran desilusión. En pocas palabras, los números no se correspondían con la realidad. Parecía tener más problemas internos que otras iglesias y el enfoque misionero estaba casi totalmente centrado en los números y las estadísticas. El programa misionero se llevaba a cabo a expensas de la atención de los miembros, a quienes en realidad se descuidaba. Francamente, la realidad no concordaba con el informe.

Esta desilusión hace que nos preguntemos: “Si aun nuestros aparentes éxitos son tan inconsistentes (aunque estoy seguro que no todos son así), ¿qué esperanza tienen todas nuestras otras iglesias?”

Otra perspectiva

Al considerar esto, recordé que he pasado muchos sábados en iglesias de todo tipo; siempre miro asombrado para ver lo que sucede en cada lugar.

C. S. Lewis experimentó un sentimiento similar en sus primeros tiempos de cristiano, que expresa de esta manera:

“Cuando me convertí. . . pensé que podía ser cristiano aislado, retirándome a mi habitación para leer libros teológicos sin necesitar ir a la iglesia. . . Los himnos me desagradaban porque los consideraba poemas de poca importancia a los que se les había puesto música de muy mala calidad. Cuando decidí asistir [a la iglesia] me encontré con personas de diferentes aspectos y educación y gradualmente mi vanidad fue desapareciendo. Entendí que los himnos (que seguían teniendo música de muy mala calidad), de todos modos eran cantados con tremenda devoción, por un santo anciano de botas gastadas en el banco contiguo, y entonces comprendí que yo no era digno de limpiar esas botas. Esto hace que uno abandone su propia vanidad solitaria”.1

La verdad es que cada iglesia es una iglesia milagrosa. Basta con mirar al extraño conjunto de adoradores para apreciar el milagro que hace que se unan personalidades e historias tan diversas. Como joven, a menudo me siento maravillado e insignificante al observar a miembros de mayor edad que han pasado toda su vida comprometidos con la fe y con la iglesia.

El milagro continúa

El relato de la ascensión de Cristo es el relato del desarrollo de la iglesia cristiana y las muchas cartas del Nuevo Testamento están dirigidas a iglesias individuales. A manera de ejemplo, las cartas a las siete iglesias de los primeros tres capítulos del Apocalipsis presentan estos grupos eclesiásticos distintivos y muestran que cada una tenía sus fortalezas y debilidades. Todas estas iglesias como también los cristianos del primer siglo, poseen un lugar especial en el creciente reino de Dios. Todas fueron partes vitales del vasto milagro revelado en el primer siglo.

Ese milagro continúa y por la gracia de Dios, somos parte de él. Nuestras experiencias individuales en la iglesia tendrán momentos maravillosos y también de desilusión. Sin embargo, nuestra participación como parte del cuerpo de Cristo siempre será un milagro. Si nos concentráramos más en el milagro de nuestra propia pertenencia a la iglesia, nuestras experiencias estarían más cerca del milagro que de la desilusión.

En relación con la adoración en la iglesia, Lewis escribió: “El culto perfecto en una iglesia es el que casi pasa desapercibido, porque nuestra atención está centrada en Dios”.2

Una iglesia que pasa desapercibida tampoco es lo ideal, pero si fuéramos capaces de prestar menos atención a nuestros esfuerzos por crear “iglesias milagrosas”, podríamos dirigir nuestra atención al propósito real de la iglesia como parte del reino de Dios.

Todas las iglesias son iglesias milagrosas. Trabajemos en nuestras propias congeregaciones con la ayuda del amor y el poder divino, y el milagro será cada vez mayor.


Fuente: Adventist News
Autor: Nathan Brown (1974-) es editor de las revistas Record y Signs of the Times de la División del Pacífico Sur, y escribe desde Warburton, Victoria, Australia.
Referencias: 1. C. S. Lewis, God in the Dock (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans, 1970), pp. 61 y 62. 2. Lewis, Letters to Malcolm: Chiefly on Prayer (Harcourt, 2003), p. 2.

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viernes, 7 de agosto de 2009

Andar diariamente con el Espíritu Santo. Por Aníbal D. Espada

Gálatas 5:25 “Si vivimos por el espíritu, andemos también por el espíritu”.

Romanos 6: 4 última parte “… así también nosotros andemos en vida nueva”.

El apóstol Pablo nos exhorta a profundizar, priorizar y vivir más en relación con el Espíritu Santo, como individuos, familias y comunidad eclesial.

“Andemos”. El vocablo griego se refiere a la forma de vivir y de conducirse, la conducta en el diario vivir. Cuando el creyente ha nacido de nuevo del Espíritu Santo, desde allí en adelante está animado por un nuevo elemento vital. De modo que andar "en vida nueva" es andar "conforme al Espíritu" (vers. 4). Por eso la conducta diaria del cristiano revelará la presencia y el efecto del Espíritu de vida. Si hemos aceptado la conducción del Espíritu Santo, demostrémoslo en forma efectiva en nuestra vida diaria.” (CBA . t. 6, cap. 6.)

Hace varios años que en nuestra asociación estamos trabajando, unidos con otros territorios eclesiásticos de la Unión Austral, bajo el lema motivador “Poder” para lograr el crecimiento cualitativo y numérico de la iglesia que anhelamos. Es evidente, por los resultados que estamos obteniendo, que hay aspectos que deben cambiar como iglesia por ser la única iglesia remanente.
Como parte de mi devoción personal estoy leyendo nuevamente el libro “La Venida del Consolador” del Leroy E. Froom. Quisiera que reflexionáramos en algunas declaraciones del capítulo número 8: “La iglesia Remanente es Investida de Poder”, páginas 121 a la128.

“Durante la era apostólica los triunfos de la cruz continuaron. Ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con señales que le seguían. (Mar.16:20). La Oposición fue hecha añicos. Se vaciaban los templos paganos y los conversos se multiplicaban por miles. Sin dinero los cristianos vencieron la confederación de riquezas que los rodeaban; sin escuela confundieron a los entendidos rabinos; sin poderes políticos ni sociales probaron ser más fuertes que el Sanedrín; desprovistos de un sacerdocio desafiaron a los sacerdotes y su templo; y sin un soldado fueron más poderosos que las legiones de Roma. Así llegaron a plantar la cruz sobre el águila romana".

“Lo que necesitamos es obtener una percepción clara de la persona y la obra del Espíritu Santo, y someternos totalmente a su control”.

“El Espíritu Santo es todo el equipo que la iglesia necesita… De modo que llegamos a la conclusión de que la iglesia remanente no sólo le falta el Espíritu Santo prometido, sino que lo necesita supremamente para capacitarla a fin de realizar su obra final”.

“Los hombres, los dones, los métodos, las leyes, son todos maquinaria muerta a menos que sea vitalizados y hechos efectivos por el Espíritu del Pentecostés... Nuestro error consiste sólo en una actitud indiferente hacia el Espíritu Santo”.

“Estamos tratando de rendir un servicio aceptable casi sin tomar en cuenta el único poder mediante el cual ese servicio se puede cumplir. En la iglesia, como en el mundo, todo es apresuramiento, velocidad, presión. Nos hallamos tan ocupados que no tenemos tiempo para atender las cuestiones más necesarias. Nuestras manos están llenas, pero demasiado a menudo nuestros corazones se hallan vacíos”. p. 125

“La iglesia está al día. Posee una organización maravillosa. Dispone de una maquinaria formidable. Sus ruedas están magníficamente ajustadas. Pero le falta poder”.

“Hoy el mundo se halla cubierto por nuestras actividades misioneras: Pero existe una desproporción desesperante entre nuestras actividades y dones por una parte, y los resultados netos en la mayoría de los campos, por la otra. Cada año que pasa trae consigo un costo creciente por cada alma que se gana, unido a un número decreciente en promedio de almas ganadas por cada obrero. Esto debería preocuparnos, ¡sí alarmarnos!"

“¿Por qué tan poco fruto de un ejército tan grande? Ah, nuestra relación con el Espíritu Santo es desconocida en gran medida… ¿Dónde están los hombres llenos del Espíritu Santo como estuvieron en los días apostólicos? Corremos el gravísimo riesgo de depender de hombres, métodos y dinero, en lugar de depender del único que puede levantar a los hombres, dirigirlos, vitalizarlos y equiparlos con los métodos correctos, produciendo y bendiciendo el dinero necesario”.

“…pero hay un Pentecostés personal, cuando el Espíritu inunda a cada creyente en forma individual”.

“Solo aquellos que están viviendo a la altura de la luz que tienen recibirán más luz”.

Estas declaraciones significativas nos llevan a buscar con mayor intensidad la relación personal diaria con el Espíritu Santo.


Fuente: Asociación Argentina Central
Autor: Aníbal D. Espada G. Actual presidente de la Asociación Argentina Central.
Nota del Editor: aunque siendo una nota orientada primariamente hacia los miembros de iglesia del territorio de la mencionada asociación; pero teniendo en cuenta la universalidad del mensaje he decidido compartirlo con ustedes. Ingresando en el "link / Fuente", usted encontrara el mensaje en su totalidad.

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sábado, 25 de julio de 2009

Veneración de las celebridades: ahora también en nuestra iglesia. Por David N. Marshall

No es extraño que los compromisos con Dios se produzcan cuando uno tiene diez u once años. Por eso, cuando un matrimonio conocido llevó a su hija Melinda* de diez años a una reunión de evangelización a cargo de una de las figuras más significativas de la Iglesia Adventista actual, habían orado para que el Espíritu Santo obrara en su corazón.

La reunión fue un éxito. La “figura significativa” no podría haber estado mejor. Los padres de Melinda aguardaban para ver qué haría la niña al final del mensaje.

Para alegría de ellos, fue la primera persona en levantarse. Avanzó hacia el frente con tanta rapidez que llegó antes de que la “figura significativa” pudiera acomodarse delante del púlpito.

Fue allí cuando le pidió... ¡un autógrafo!

Este hecho no habla en contra de Melinda ni del predicador. Pero es, acaso, un pequeño indicador de que en nuestra iglesia existe la veneración de las celebridades.

Existen otros indicadores. Hace tiempo que los predicadores y pastores locales abandonan el púlpito cuando alguna “estrella” está de visita en la localidad. Como la ubicación geográfica de las “estrellas” se anuncia con antelación, resulta más patente el fenómeno de la congregación itinerante. Existe una tendencia de seguir a los “grandes nombres” hasta donde estén predicando.

Antes de la era del DVD, una organización adventista comercializaba grabaciones de oradores internacionales conocidos. El público tenía preferencia por tres predicadores; podríamos decir tres estrellas. Por una u otra razón, estos tres oradores hace tiempo que han dejado de tener parte en el escenario adventista. Parece que la celebridad los llevó a derribar límites de creencias o conductas.

Años atrás, David Shepherd, un conocido jugador inglés de críquet, fue hecho obispo anglicano de Liverpool. Yo mismo, tal vez encandilado, fui a escucharlo. Llegué justo para ver a Shepherd al frente de una procesión que salía por la nave principal de la catedral, llevando un enorme cayado. Al preguntarle por dicho cayado, realizó un comentario tímido y desaprobatorio de sus ropas de obispo y explicó que el cayado era un símbolo recordatorio de la naturaleza de su “verdadero trabajo”, haciendo un inevitable juego de palabras con su apellido, que en inglés significa “pastor de ovejas”.

En medio de la veneración de celebridades y el superficial mercantilismo religioso que a veces provoca, ¿podríamos utilizar un recordatorio de nuestro “verdadero trabajo” como pastores?

Un grupo de adventistas de Irlanda viajó a Inglaterra para un evento espiritual. Sin embargo, se manifestaron desilusionados “cuando la gente esperaba en fila para conseguir el autógrafo de un orador importante”.

¿Reconocemos esta veneración de las celebridades, mercantilismo religioso, o como queramos llamarlo? A algunos, sin embargo, en lugar de satisfacernos nos produce lo contrario.

¿Recuerdan lo que dijo Jesús cuando Santiago y Juan querían ser parte de las celebridades? En esa ocasión, percibieron claramente que las promociones en el reino de Dios no se obtienen mediante la autopromoción agresiva y que es Dios, y no nosotros, quien determina la distribución de los honores. Esa fue la razón por la que los otros 10 discípulos, que acaso se lamentaron por no haber solicitado los mejores lugares para ellos, se indignaron con Santiago y Juan. Esa fue la oportunidad que Jesús aprovechó para hablar acerca de sus ideas opuestas a las del mundo, respecto de la grandeza y el liderazgo.
“Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:42-45; la cursiva es del autor).

La frase “no será así entre vosotros” se traduce correctamente como “no debe suceder esto entre vosotros”.

La iglesia no debe funcionar de la misma manera que otras organizaciones. Del principio al fin, la iglesia representa una sociedad alternativa donde los primeros son últimos y los últimos primeros. Dondequiera veamos las jerarquías y divisiones que la sociedad humana establece como algo normal, necesitamos recordar: “no será así entre vosotros”.

La Palabra dice que “todos” serán atraídos a Cristo cuando él sea enaltecido (véase Juan 12:32). ¡Esto no puede ser una realidad cuando en su lugar se enaltece al predicador!

Ese “engrandecimiento” inapropiado no es culpa del predicador. Es muy probable que él esté tratando de engrandecer a Cristo. El error se halla en la actitud de los oyentes hacia el predicador.

Jesús fue y es el Hijo del Hombre. Daniel profetizó que llegaría el tiempo cuando “todos los pueblos naciones y lenguas” lo servirían (Dan. 7:14). Y sin embargo Jesús, ese Hijo del Hombre que cumplió la profecía de Daniel, no vino para ser servido sino para servir. Al hacerlo, cumplió otra gran profecía del Antiguo Testamento: el Siervo Sufriente descrito en Isaías 42 y 53: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5).

El modelo de liderazgo servicial de Cristo debe ser imitado. No podemos, por supuesto, imitarlo en su rol específico de ser “rescate por muchos”; sólo Cristo lo hizo y ya no necesita ser repetido. Pero podemos imitarlo en su rechazo completo del interés propio, que lo preparó para elegir la muerte por muchos, antes que la gloria que le correspondía.

Esto requerirá que modifiquemos nuestras actitudes y conducta. No debemos colocar en un nivel prominente a los seres humanos. Idolatrar a los seres humanos los pervierte y los perjudica. Exaltemos a Cristo, y entonces todos serán atraídos.

Cristo tiene el mayor poder de atracción de todos los tiempos. Idolatrar a quienes lo glorifican, sólo puede obstaculizar el magnetismo del Salvador. Jesús no tiene por qué estar a la sombra del predicador. Es el predicador el que debe estar a la sombra de la cruz.


Fuente: Adventist World
Autor: David N. Marshall es editor de la Stanborough Press Limited, Grantham, Lincolnshire, Inglaterra.
*Se utiliza un seudónimo.

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miércoles, 8 de julio de 2009

Ex lider de la iglesia adventista es investido caballero por la reina Elizabeth II

Sir Patrick Allen recibe la Orden de St. Michael y St. George.
El primer pastor adventista con el cargo de gobernador general de Jamaica es ahora Caballero de la Orden de St. Michael y St. George. La reina Elizabeth II nombró caballero a Sir Patrick Allen, ex presidente de la Iglesia Adventista en la región de las Indias Occidentales, en una ceremonia llevada a cabo el pasado 12 de junio en el Palacio de Buckingham.

Esta orden "se otorga a hombres y mujeres de elevado oficio, o que brindan importantes o extraordinarios servicios no militares en un país extranjero", según el sitio web oficial de la monarquía británica.

Allen se convirtió en el sexto gobernador general de Jamaica el pasado 26 de febrero, poco después de renunciar a su cargo de presidente de la Iglesia Adventista en la región.

Allen dijo que aunque extraña las tareas eclesiásticas, estaba "seguro y confiado que eso es lo que el Señor quiere que haga".

"Aunque extraño mucho mis tareas anteriores, soy consciente de que mi servicio posee un alcance más amplio", dijo.

Allen fue elegido presidente de la región de las Indias Occidentales en 2000, aunque comenzó a trabajar para la iglesia en 1981, después de una década de trabajar para el gobierno de Jamaica.

Fuente: ANN / Adventist News Network
Fotografia: Getty Images

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sábado, 27 de junio de 2009

Jean Paulsen insta a los adventistas a reafirmar la Creación

En respuesta a continuos debates en la iglesia, el presidente de la Iglesia Adventista instó a los adventistas a buscar en las Escrituras la validez de su fe en relación con los orígenes.

En una declaración dada a conocer en el día de la fecha, el pastor Jan Paulsen apeló a los administradores, ministros, docentes y escritores para que articulen y reflejen la posición de la iglesia sobre la creación.

"No tenemos que permitir una separación de la Biblia a la hora de definir nuestros valores y expresar lo que sostenemos", dijo Paulsen.

El presidente de la iglesia se refirió a la posición de la iglesia sobre la creación, que fue afirmada por la Junta Directiva de la Asociación General en octubre de 2004. (Una Afirmación de la Creación. Posición oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día)

Paulsen dijo que su llamado conserva el respeto por la integridad y las habilidades profesionales de educadores, ministros y escritores.

Para leer toda declaración de Paulsen, haga un clic aquí

Fuente: ANN / Adventist News Network

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sábado, 13 de junio de 2009

Nuestra afición al Chisme. Por Herold Weiss

Como dijera el mes pasado, desde 1973 he gozado de la confraternidad de hermanos que comparten mi cultura en la Iglesia Hispana de Berrien Springs. Esta iglesia es singular pues ofrece un rincón hispano a los muchos estudiantes que llegan a Andrews University desde la América latina. Además, hace evangelización entre los muchos trabajadores humildes que emigran buscando un futuro económico más prometedor del que tenían en sus países de origen. Así es que esta iglesia cuenta con miembros que se distinguen por su gran variedad educacional y económica y esto le da un carácter muy especial.

Hay algo en la cultura hispana que hace que intermitentemente me sienta incómodo en mi iglesia. Esta característica, por supuesto, ha sido parte integrante de la iglesia desde que se organizó puesto que es imposible escapar la cultura a que se pertenece. Hay quienes pretenden que la iglesia debe existir “aparte del mundo”, pero tal objetivo es una quimera. La iglesia, pienso, debiera ser un agente transformador de la cultura, la levadura que hace que la harina se transforme en masa de pan. Para ello, por supuesto, hay que identificar y fundir los elementos de la cultura reinante que deben ser transformados. Dentro de la cultura hispana, y por lo tanto dentro del adventismo hispano (aunque no en exclusividad), el elemento cultural que debilita y entorpece la confraternidad dentro de la iglesia es el apego que el hispano le tiene a los chismes.

Esto se extiende a que queremos estar enterados de la vida del vecino y tan pronto como tenemos un indicio de algo en la vida privada de otro nos convertimos en portavoces para que todos nuestros conocidos estén al tanto de la noticia. Como resultado los chismes circulan sin barreras y todos los miembros están al día acerca de “lo interesante” en la vida de los demás. La conciencia de que nuestras acciones van a ser interpretadas y divulgadas por la chismografía imperante se convierte entonces en un control muy efectivo de nuestra conducta. El “¿qué dirán?” es una pregunta constante.

Esta sed por saber lo que pasa en la vida de otros forma parte de un complejo de actitudes de las sociedades tradicionales. En su libro “El mito del perpetuo retorno”, Mircea Eliade distingue dos tipos de sociedades: la tradicional y la histórica. La sociedad tradicional se caracteriza por verse a si misma dentro de un universo regulado por los ciclos de la naturaleza. Cada año comienza un nuevo ciclo en el cual se han de repetir los eventos que los dioses ejecutaron al establecer lo que es. La vida humana consiste en actualizar en la tierra lo que los dioses hicieron “en el principio”. Participando en las acciones que los dioses ejecutaron se les obedece y se les sirve. En estas sociedades, los individuos tienen su identidad en la tribu y lo que le pasa a un miembro de la tribu afecta a todos. La privacidad no es un valor reconocido y digno de ser defendido. Por lo tanto la vida de los demás es, en realidad, parte de mi vida. Comentar, evaluar y tratar de controlar la vida del vecino demuestra que soy miembros del grupo.

Ya por muchos siglos, se han realizado esfuerzos por romper los lazos de la sociedad tradicional para poder vivir como seres libres, capaces de hacer lo que nunca se había hecho antes, o sea, capaces de vivir haciendo historia. La sociedad histórica se caracteriza por el individualismo. Cada ser humano establece su identidad por lo que hace independientemente, en pleno uso de su libertad. Cada individuo tiene derecho a vivir como mejor le parece, y nadie tiene derecho a determinar su futuro. La construcción de sociedades históricas es un proyecto que no se acaba de realizar puesto que las tendencias tradicionalistas son muy difíciles de romper. Eliade mismo pareciera tener dudas de que el proyecto humano de vivir como seres históricos pueda algún día realizarse.

Hago uso de la tipología de Eliade para iluminar el problema de los chismes en mi cultura. Sin duda la cultura hispanoamericana esta más arraigada en lo que Eliade caracteriza como la sociedad tradicional. Por otro lado, la cultura norteamericana pareciera estar más avanzada en el camino hacia una sociedad histórica. Esto hace que los chismes, que también se dan entre los anglosajones de este país, sean menos comunes debido a su identidad individualista.

Entre los latinos, con nuestra identidad tribal, el estar metido en la vida de los demás parece normal. Sin duda que identificarnos con nuestros semejantes y ser parte de sus vidas tiene sus ventajas. Tener una red de amistades firme y duradera hace que la vida sea más llevadera. Sentirse protegido por el cariño y el interés de otros le da seguridad al diario vivir. Poder contar con el apoyo moral, psicológico y financiero de quienes son parte de nuestra vida hace que el futuro luzca menos amenazador.

Por otro lado, cuando todos nuestros parientes y todos los amigos de nuestros parientes, y los amigos de los amigos de nuestros parientes se sienten autorizados a juzgar nuestras acciones y esperan que se acepte como demanda sus deseos para nuestras vidas, nuestro vivir se ve restringido por voluntades que no son la nuestra, y se convierte en el entretenimiento popular.

Si bien es imprescindible vivir concientes de que hemos de ser juzgados por Dios, y que Su voluntad debe ser el objeto de nuestra diaria preocupación, tal reconocimiento no tiene nada que ver con el juicio de nuestras vidas en los chismes de la comunidad. Siendo que chismear no tiene limites y la adhesión a la verdad no es una de sus características, pasar información acerca de fulano raramente sirve un propósito saludable. Mas bien su propósito es titilar la imaginación y demostrar ante otros que estuvimos enterados antes que ellos. En la carrera de los chismes ganar es ser el primero en enterarse.

Lamentablemente, las iglesias hispanas pueden fácilmente convertirse en redes de chismes que destruyen la imagen de todo aquel que llega a ser el protagonista de uno. Lo más indeseable de esta situación es que los participantes en la divulgación de chismes en el seno de las iglesias se sienten perfectamente satisfechos de ser sus agentes pues ello demuestra que son miembros comprometidos de la familia eclesial. Difundir chismes no despierta en lo más mínimo la consciencia. Antes bien confirma nuestro bienestar como miembros de la tribu. Por supuesto, lo que sucede en las iglesias hispanas en los Estados Unidos es la continuación de lo que sucede en las iglesias de nuestros países de origen.

Es necesario, por otro lado, ponerse en la situación del protagonista en el chisme. Puede que el chisme sea inofensivo. Se trata de una bagatela. Puede que el chisme sea cruel, deshumanizador. El que se descubre como el protagonista en tal chisme se siente enjaulado y torturado, talvez injustamente. Las jaulas son prisiones que quitan el honor, pero, a diferencia de las prisiones, también son salas de exhibición para deleite de los espectadores. Todo ser enjaulado desea escaparse de sus carceleros y verdugos. En algunos casos es posible mudarse a otra ciudad. En los Estados Unidos es posible cambiar la membresía a una iglesia de cultura norteamericana, donde el individualismo da mas libertad de acción y la gente es menos propensa a meterse en la vida ajena. En muchos casos, sin embargo, el enjaulado decide librarse de sus carceleros y verdugos, saliéndose de la iglesia adventista. Así es como la iglesia pierde un sinnúmero de miembros debido a lo que en realidad no es solamente una característica cultural sino también una grave ofensa al mandato de Jesús: “Ama a tu prójimo”.

Si las iglesias hispanas han de ser instrumentos transformadores de la cultura, sus líderes deben usar su imaginación para introducir en ellas maneras de combatir nuestra afición a chismear. Una de las maneras sería conseguir que los miembros reaccionen negativamente cuando se les está contando un chisme, concientes de los resultados que los chismes pueden producir. Si suficientes miembros de la hermandad estuvieran dispuestos a hacerle ver al trasmisor de chismes que no quieren ser receptores de los tales tal vez se le pudiera poner fin a esta mala costumbre. Es necesario que el que difunde chismes en nuestras iglesias sea abochornado. Me temo que en la realidad tal nunca será el caso porque el que trate de abochornar al chismoso sabe que si lo hace él será el protagonista del nuevo chisme.


Fuente: Adventist Forums / Café Hispano
Autor: Herold Weiss, Southern Missionary College; M.A., B.D., Andrews University; Ph.D. Actualmente es profesor emérito de Saint Mary's College, Notre Dame, Indiana. Por veinte años, fue profesor afiliado del Nuevo Testamento en el Northern Seminary, Chicago. Es el autor de "A Day of Gladness: The Sabbath Among Jews and Christians in Antiquity" (Un día de alegría: El Sábado Entre Judios y los cristianos en la Antigüedad).

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martes, 26 de mayo de 2009

5 lecciones que aprendí. Por Jan Paulsen

Hablar de “lo que aprendí” no es una ciencia exacta; siempre existe el peligro del autoengaño. No se puede probar que aprendimos algo con tan solo mencionarlo; por el contrario, es algo que tiene que probarse en momentos de decisión o crisis.

Al reflexionar en mis cincuenta años de ministerio y administración eclesiástica y, en particular, en estos diez años como presidente de la Asociación General, veo varias lecciones recurrentes que con paciencia y persistencia, Dios ha procurado enseñarme en su curso de relaciones humanas. Como estudiante, no siempre he sido rápido para aprender, pero en años recientes varias lecciones han quedado plasmadas en mi mente. Son enseñanzas que no se aprenden en un escritorio o que figuran en un libro, sino que resultan de la vida diaria. Son lecciones que aprendí al adorar a Dios junto a personas cuyo idioma, costumbres y experiencias me resultaban extrañas; al relacionarme con colegas y al enfrentar juntos decisiones difíciles y opiniones conflictivas; al hablar con jóvenes, con ancianos y con personas que piensan que mis gustos y perspectivas son tan incomprensibles como las de ellos para mí y, sin embargo, dicen ser mis hermanos y hermanas en Cristo.

Es una lista incompleta; el proceso de aprendizaje nunca termina. Es también una lista que tiene presuposiciones básicas, tales como la necesidad de que la Palabra y voluntad de Dios sean el centro de la vida, además de la entrega diaria a su conducción y la búsqueda del perdón. Estas son lecciones que él me sigue enseñando. Y es con este trasfondo que me permito señalar las siguientes cinco.

1 Lo más importante son las personas.

Puede resultar fácil como iglesia, en especial para los que ejercen el liderazgo, olvidarse de las personas. En las comisiones se suelen discutir valores, declaraciones oficiales, objetivos, proyecciones, reglamentos y planes. En algún momento, todo esto queda separado de la experiencia humana del individuo. Comenzamos a ver un valor intrínseco en las cosas, en lugar de ver que tienen valor siempre y cuando cumplan el propósito divino de alimentar al pueblo de Dios.

En la esfera humana, Dios no hace otra cosa que acercarse a las personas, para atraerlas hacia sí por medio de su amor irreprensible y guiarlas hacia la eternidad. Las personas son lo más importante para Dios. Es por ello que Cristo vino a la tierra. Esta simple verdad tiene consecuencias inimaginables en nuestro diario vivir y en nuestra relación con los demás. En toda clase de relación, el valor del otro supera lo que podemos comprender. Por ello, dentro de la iglesia nuestra pregunta constante debería ser: “¿Cómo afecta esto a las personas?” No es la lógica humana, sino más bien el ilógico amor divino por sus seres creados, lo que tiene que ser el centro de todo cuanto somos y hacemos. Sí, a veces me equivoco; la iglesia como cuerpo a veces también lo hace. Pero es una lección importante que no me abandona.

2 Es imprescindible mirar hacia afuera.

La iglesia está para hacer misión. Sobre esta simple declaración se balancea nuestra identidad, propósito y razón de ser.

He aprendido que este principio conlleva implicaciones sumamente prácticas. ¿Qué prioridades de gastos debería tener la iglesia en momentos difíciles? ¿Cómo estructurar nuestras instituciones o nuestra administración? ¿Cómo debería funcionar la iglesia en una región determinada? Casi todas las preguntas importantes se reducen a esta consideración: ¿Qué es lo mejor para la misión de la iglesia?

Este principio también está relacionado con la utilización de nuestros recursos humanos. Repito algo que ya he dicho: Creo que nuestra capacidad de participar en la misión se ha visto perjudicada a lo largo de los años, por nuestro fracaso en asignar funciones significativas a las mujeres en el ministerio y el liderazgo, y en atraer más jóvenes y profesionales menores de 35 años a los procesos de toma de decisión de la iglesia.

Nuestro enfoque primordial también requiere que sepamos cuál es nuestro principal objetivo. ¿Necesitamos un reavivamiento en la iglesia? ¡Por supuesto! Pero para mí, mirar hacia adentro solo debería ser parte de una forma de volvernos más efectivos hacia afuera. Cuando nos preocupamos constantemente de tan solo “tomar la temperatura” de la iglesia a expensas de nuestra misión, la iglesia se convierte en una comunidad introspectiva, aislada e ineficaz.
Una mirada continua hacia adentro puede resultar desa-lentadora. Si somos honestos, veremos cuantiosas fallas en la iglesia. ¿Debería ser entonces nuestra tarea básica repararlas? ¡No! Hasta que “esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (1 Cor. 15:54), tengo que convivir con mis fallas y las de los demás. Pero también he aprendido que, a pesar de ello, Dios perdona, sana y restaura. Él toma al quebrantado, al frágil y al que tropieza, y lo capacita y motiva para cumplir con la misión.

3 Las consultas triunfan sobre la tiranía.

Muchos años atrás, un importante administrador de la iglesia me dijo: “Recuerde que usted está a cargo solo si no tiene necesidad de probarlo”. He aprendido que esto es cierto. En el liderazgo de la iglesia no hay lugar para tratar de “probar” la autoridad propia; en el mejor de los casos, se torna un ejercicio frenético y defensivo de autoafirmación; en el peor, se vuelve dominador y dictatorial.

La iglesia no funciona según el modelo presidencial, por más que sea necesario tomar algunas decisiones ejecutivas y alguien tenga que asumir en último término ciertas responsabilidades. Sin embargo, en todos los niveles de liderazgo, tomar decisiones implica realizar consultas, analizar los temas y llegar a un consenso. He aprendido que las mejores y más seguras decisiones que pueden hacerse como líder espiritual surgen de un foro de consultas donde sea posible intercambiar ideas con franqueza; donde uno no se sienta amenazado por los que piensan diferente; donde no haya “tabúes” respecto de ciertas opiniones y donde uno esté dispuesto a decir: “Tal vez me equivoqué en esto”, o “Entiendo lo que usted dice, pero no estoy de acuerdo”.

4 No seamos tan serios.

He aprendido que de por sí, la solemnidad no tiene virtud alguna. Puede ser muy saludable para la iglesia desarrollar la capacidad de ver el lado irónico, sorprendente o definidamente humorístico de una determinada situación. Nuestra obra es seria. Pero suceden cosas risueñas. Y al compartir la risa compartimos también nuestra humanidad. Sin llegar a ser frívolos o irreverentes, los momentos de humor pueden ayudar a aliviar situaciones de gran tensión o brindar nueva apertura a las relaciones crispadas. Pueden ser un antídoto efectivo para el engreimiento o la circunspección espiritual. Y vez tras vez he visto que damos lo mejor cuando nos sentimos cómodos con nosotros y con los demás. Sin por ello ignorar la importancia de nuestra obra, disfrutar de un momento de humor que reconozca el elemento humano de lo que hacemos, puede ayudarnos a atravesar un momento difícil. Y creo también que Dios se ríe con nosotros.

5 Dios suple lo que falta.

He aprendido que más allá de mis fallas y errores, el Señor seguirá caminando a mi lado para renovarme y capacitarme a fin de que cumpla su propósito. Este no es mi derecho exclusivo. Creo que Dios nos toma a cada uno de la mano y dice: “Te doy una misión especial; yo estaré contigo y supliré lo que falte para que la misión sea cumplida”.

Esto es algo que percibo de manera especial cuando visito feligreses de diversas partes del mundo. Muchas veces, alguien a quien jamás he visto me dice: “Pastor, quiero que sepa que oro por usted. Cada día lo menciono por nombre ante Dios”. Nadie tiene idea de cuánto significa esto para mí, porque siento que el Señor oye sus oraciones y que por amor a su iglesia me capacita, no por lo que soy sino por lo que él desea que haga.

He sentido también que la mano de Dios me ha ayudado a tener una visión más equilibrada de la teología, que la que tenía de joven. Veo ahora dimensiones que en lugar de dispersar a la grey ayudan a conservar la unión de la iglesia; por ello, como teólogo soy más “generoso” ahora que hace veinticinco años. Como docente de teología, me limitaba a operar según el libro de texto. Hoy me aferro firmemente a la teología pero la relaciono con la iglesia como una comunidad religiosa viviente, orgánica, en crecimiento y mundial, como ese pueblo que Dios anhela que permanezca unido.

Veo que así como el Señor ha procurado enseñarme el inmenso valor que él da a los individuos, mi enfoque teológico tiene que esforzarse por atraer a las personas en lugar de expulsarlas. Es verdad que existen posiciones que representan una negación de nuestra identidad y de las Escrituras y con las cuales no podemos reconciliarnos ni transigir. Pero he aprendido que a veces no todos vemos las cosas de la misma manera y aun así seguimos unidos y tenemos el mismo destino.

¿Cómo se produjo este cambio? Una vez más, creo que fue una carencia suplida por el Señor; fue una necesidad satisfecha para cumplir sus propósitos. Y si lo hizo por mí, sé que también lo hace por otros.
Es bueno que cada uno de nosotros mire hacia atrás y reflexione en lo que el Señor nos enseña a lo largo del camino. Al hacerlo, creo que podremos divisar su mano que obra en nuestras vidas y corazones. Porque todos juntos somos estudiantes “en la escuela de Cristo, siempre aprendiendo más del cielo, más de la Palabra y la voluntad de Dios; más de la verdad y de cómo usar fielmente el conocimiento […] obtenido”.*


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Jan Paulsen es presidente de la Iglesia Adventista mundial.
Referencia: *Elena G. de White, Hijos e hijas de Dios (1978), p. 74.

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viernes, 8 de mayo de 2009

Una iglesia adventista dinámica en tiempos difíciles

Cuando se conocieron las noticias de la crisis económica mundial, más de trescientos miembros de la Junta Directiva de la Iglesia Adventista se hallaban reunidos en Manila, Filipinas, para analizar temas claves de la administración eclesiástica. Jan Paulsen, presidente de la Asociación General, conversó luego del encuentro con Bill Knott, editor de Adventist World, sobre algunas de las decisiones de largo alcance que se tomaron en el Concilio Anual 2008.

Bill Knott: ¿Cómo le explicaría a un miembro de iglesia común y corriente qué beneficios recibe la iglesia al llevar a cabo encuentros tales como el Concilio Anual 2008 fuera de Norteamérica? ¿Qué gana la iglesia con esto?

Jan Paulsen: Mientras estamos en Manila, el mundo está experimentando lo que ha sido denominado un “derrumbe económico”. Esto afecta a los individuos, las organizaciones y los gobiernos. Y por supuesto, también afecta a la iglesia. Debido a ello, uno podría preguntarse: ¿Por qué realizar el Concilio Anual fuera de Norteamérica, con el esfuerzo y los gastos adicionales que ello implica?

Creo que este es el costo de mantener unida a la familia. Alrededor del 94 por ciento de la feligresía mundial vive fuera de Norteamérica. Es por ello que resulta de suma importancia que cuando los líderes se reúnen en concilio, la feligresía sienta que es parte de lo que está pasando, que es parte del proceso.

En las Filipinas tenemos unos setecientos mil miembros y tenemos universidades, hospitales y otras instituciones. El gobierno y los medios conocen bien a la iglesia, tanto por número como por nombre. Unas catorce mil personas asistieron al programa sabático en Manila y hubo un maravilloso sentido de comunión y un gran espíritu de celebración.

Creo que es bueno que los líderes de la iglesia mundial enfaticen el carácter global de la familia de la iglesia al llevar a cabo eventos como este. En el pasado, se han realizado otros encuentros similares en Sudamérica, Centroamérica, Australia, Europa y África. De manera que era lo correcto que esta vez nos reuniéramos en Asia.

O sea, ¿significa esto que a veces uno tiene que trasladarse para que los miembros sientan que la iglesia no se interesa solamente por lo que sucede en Norteamérica?

Sí, por supuesto. La presencia física hace la diferencia. Los miembros ven que vinimos y, por así decirlo, “izamos la bandera”. Para la Iglesia Adventista de las Filipinas resultó significativo; 
los feligreses se sintieron orgullosos de la iglesia. Pudieron celebrar su fortaleza y sentirse animados y motivados por ello.

Usted se refirió antes a las noticias de la crisis económica mundial, que coincidieron con el Concilio Anual en Manila. ¿Hasta qué punto afectó esta crisis el curso de las reuniones? ¿Qué impacto tendrá en la iglesia en las próximas semanas y meses?

No existen predicciones absolutas para semejante descalabro financiero. En el mundo, nadie tiene la capacidad de saber qué va a pasar con los mercados en los próximos días o meses. Los que trabajamos en la administración de la iglesia debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo al respecto? ¿Qué presupuesto estamos votando? Nuestros presupuestos se basan en la fe, es decir, en la fidelidad en diezmos y ofrendas de los miembros para el año siguiente; no sobre la base de lo que ya tenemos en el banco.

En los últimos años hemos recibido bendiciones maravillosas, y esto nos ha ayudado a planificar. Pero las incertidumbres de los mercados financieros no tienen parangón en la historia reciente. ¿Tenemos entonces que seguir como si nada hubiera sucedido? Por supuesto que no. Cuando presentamos el presupuesto al Concilio Anual, propusimos que el Consejo Administrativo de la Asociación General conserve la capacidad de realizar ajustes intermedios al presupuesto, de manera de tener la flexibilidad de responder y adaptar nuestras finanzas a la cambiante situación económica mundial.

¿De qué manera se verán afectadas las operaciones de la iglesia durante el año fiscal 2009?

Los feligreses necesitan saber que avanzaremos con cuidado y prudencia hasta tener una visión más clara de la situación económica. Es importante que también sepan que estas circunstancias afectarán los fondos destinados a las operaciones de la sede central. Vamos a posponer el reemplazo de algunas vacantes y trabajar para reducir los gastos en otras áreas.

El objetivo de conservar la flexibilidad financiera a fin de enfrentar la realidad económica actual se relaciona providencialmente con otro tema significativo que fue analizado en el Concilio Anual: la flexibilidad y su relación con la estructura eclesiástica.

Sí, la Comisión de Ministerios, Estructuras y Servicios presentó su informe final, y la Junta Directiva adoptó por unanimidad dos importantes recomendaciones. Lo que la Junta Directiva quiere decir con esto es: Somos una comunidad en crecimiento, dinámica y mundial. Es por ello que a menudo tenemos que preguntarnos: ¿Cuál es la manera más efectiva y responsable de avanzar? Tenemos ciertas formas y estructuras que datan de varias décadas atrás. ¿Representan ellas la manera más eficiente de que la iglesia cumpla su misión? ¿O será que el crecimiento de la iglesia y los cambios en el mundo donde esta opera significan que es necesario racionalizar ciertos procesos?

La comisión ha estado estudiando estos interrogantes durante tres años; sus miembros han procesado una vasta cantidad de información y los aportes de toda la iglesia mundial. En el Concilio Anual 2007 adoptamos la primera parte de las recomendaciones de la comisión al aceptar el principio de “flexibilidad” (que la iglesia local defina, dentro de ciertos límites, las estructuras administrativas que mejor se adaptan a sus necesidades y circunstancias). Dijimos que tenía que existir un elevado nivel de confianza. A veces tenemos que permitir que la iglesia local decida cuál es la mejor manera de perseguir los valores, la identidad y la misión que son comunes a un determinado contexto particular.

En este Concilio Anual, la comisión recomendó que analicemos cuál es el mejor método para definir y llenar las vacantes de los departamentos de la Asociación General. La comisión está diciendo: Extendamos este principio de flexibilidad y confianza, de manera que la Junta Directiva, en el Concilio Anual, pueda responder de manera dinámica a las realidades actuales, revisar las necesidades y responder con presteza a los desafíos si así fuera necesario.

Por ello, en el Congreso de Asociación General en 2010 pediremos que se considere la recomendación de otorgar a la Junta Directiva mayores responsabilidades. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué es lo mejor para la iglesia? ¿Cuál es el curso de acción más prudente y efectivo? ¿Deberíamos continuar haciendo las cosas de la misma forma, solo porque siempre se han hecho de esa manera?

Es importante que recordemos que al proponer que se deleguen algunas responsabilidades al Concilio Anual, no nos estamos refiriendo a un grupo pequeño o falto de representación.
Por cierto, no es un grupo insignificante.

¡No, no! Es un grupo de más de trescientos líderes, pastores y laicos en representación de toda la iglesia mundial que se reúnen cada año. Es un organismo único. En números absolutos son menos que en un congreso mundial, pero no por ello son menos representativos.

A menudo hemos dicho que cuando la iglesia se reúne en el Congreso de la Asociación General, Dios está presente de manera particular, guiando a su iglesia. Pero creo que sucede lo mismo cuando los delegados al congreso deciden devolver parte de sus responsabilidades.

La bendición de Dios –la presencia entre su pueblo– no termina cuando termina el congreso.

Así es. La comisión hizo una segunda importante recomendación que fue adoptada por el Concilio Anual, a saber, que la elección de los directores asociados de los departamentos y ministerios de la Asociación General se realice en el primer Concilio Anual posterior al congreso mundial.

¿Cuál es la razón de este cambio? Como presidente, he estado en la junta de nombramientos del congreso mundial de la Asociación General dos veces; sé que suceden demasiadas cosas en pocas horas. En algunos casos, quizá, no se pueden hacer las cosas bien. Pero si se adoptan las recomendaciones de la comisión, en el futuro se podrá dedicar más tiempo a analizar de manera deliberada la selección de personas que ocuparán los principales puestos administrativos, y los que liderarán esos departamentos.

En segundo lugar, esto permitirá que los directores elegidos en el 
congreso tengan dos o tres meses 
para analizar, en consulta con el presidente y la administración, cómo completar la nómina de sus departamentos. También expresé públicamente en Manila que la junta de nombramientos del Concilio Anual, que tendrá la tarea de realizar las nominaciones para los puestos departamentales, tiene que estar compuesta de manera de reflejar adecuadamente la iglesia mundial; tiene que representar apropiadamente a los laicos y los pastores de iglesia.
Al mirar a los delegados al Concilio Anual, tengo la impresión de que representa admirablemente la 
diversidad racial y étnica de la iglesia mundial. Pero las estadísticas dicen que del 65 al 70 por ciento de la feligresía mundial está compuesta por mujeres, aunque las delegadas solo representan el diez por ciento de los asistentes. ¿Qué puede decir al respecto?

Históricamente este ha sido un 
proceso muy lento. Como en congresos anteriores se decidió no ordenar a las damas al ministerio, las mujeres no han tenido el mismo acceso a los puestos de liderazgo. Ha sido más difícil hallar damas con el trasfondo y la experiencia para que participen plenamente en el proceso del Concilio Anual. Pero no hay duda que se están haciendo esfuerzos deliberados para corregir esto. Tenemos que elegir más mujeres para formar parte de la Junta Directiva de la Asociación General. También tenemos que incluir más profesionales laicos menores de 35 años –no porque tengan que ocuparse del liderazgo de la iglesia– sino porque tienen habilidades y competencias que realmente son muy útiles para cumplir nuestra tarea. También necesitamos garantizar que puedan colaborar durante un período considerable de tiempo (quizá, inclusive, hasta por diez años) de manera que puedan ser productivos contribuyentes de la Junta Directiva.

Me parece que este modelo representa un enfoque mucho más responsable de la planificación, y se presta para que se reúna el mejor y más representativo equipo de hombres y mujeres para colaborar con los departamentos.
A partir de estas recomendaciones, ¿cuáles serán los próximos pasos?
Serán analizadas por los delegados 
al Congreso de Asociación General 2010 en Atlanta, donde estoy seguro que generarán más discusiones, tal como debe ser. A lo largo de todo 
este proceso, hemos querido expresar que no tenemos que aprisionar a la iglesia dentro de formas o estructuras rígidas que no pueden ser cambiadas y que se han vuelto “sagradas” solo porque “siempre se ha hecho así”. 
No olvidemos el cuadro completo. Pensemos en las necesidades y exigencias de una iglesia cada vez más grande y en nuestra obligación de buscar constantemente maneras de realizar la obra de manera más eficiente y que en todo lo que hagamos, sigamos concentrados en los valores supremos de la misión y la unidad, para entonces avanzar con confianza donde el Señor nos guíe.

Fuente: Adventist World

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