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viernes, 23 de abril de 2010

Cuando los números no acompañan. Por Reinder Bruinsma

Recuerdo como si fuera hoy cuando nuestro pastor le comunicó a nuestra congregación que la feligresía adventista mundial había alcanzado el millón de personas. Esto sucedió hace unos cincuenta años. Había llevado poco más de un siglo alcanzar esa marca. En la actualidad, la feligresía adventista alcanza unos diecisiete millones. De continuar la tendencia actual, dicen los expertos en estadística, en quince años podría haber unos cincuenta millones de adventistas.
En efecto, el adventismo constituye una destacada historia de éxito. Todo el que alguna vez tenía dudas, pero asistió a un Congreso de la Asociación General, se ha convencido para siempre de la vitalidad y vigor de la Iglesia Adventista. Y los que leen regularmente las publicaciones de la denominación, como por ejemplo la Revista Adventista y Adventist World que tienen el hábito de visitar el sitio web de noticias de la Asociación General o que sintonizan Hope Channel, , no pueden sino sentirse impresionados por el crecimiento sin precedentes en muchas regiones del mundo. Las fotografías de bautismos en masa, las estadísticas brillantes y los relatos emocionantes del progreso continuo quedarán grabadas para siempre en nuestra memoria.

Pero esa no es toda la historia. La moneda del progreso adventista tiene dos caras. Permítanme que lo explique.

Por qué somos muy pocos

Crecí en una aldea del noroeste de Holanda. Mi familia era la única adventista en una comunidad de unos mil quinientos habitantes. Asistíamos a una pequeña iglesia en un pueblo cercano. En realidad nuestra congregación tenía menos de veinte miembros. La sociedad de jóvenes estaba formada por mi hermana y yo.

Así comenzó mi vida como miembro de la Iglesia Adventista. En todo el país, había menos de tres mil miembros. Durante los últimos cinco años de mi carrera denominacional fui presidente de la Unión Holandesa, una iglesia con menos de cinco mil miembros en un país de dieciséis millones de habitantes.

En mis contactos internacionales fui tratado por lo general con cortesía, pero de tanto en tanto, algunos de mis colegas presidentes me informaron con delicadeza que en su Unión, había iglesias que tenían tantos miembros como toda mi Unión. Para que tengan una perspectiva completa, debería añadir que la situación holandesa, con su limitado crecimiento, es positiva en comparación con otros lugares. La triste realidad es que algunas regiones de Occidente experimentan un crecimiento nulo o incluso negativo.

Permítanme que los transporte a algunos lugares donde se hace difícil avanzar y los números no son tan buenos. Me remitiré tan solo a tres regiones del mundo que conozco bien gracias a las tareas que cumplí allí en las décadas de 1980 y 1990.

Egipto

Egipto tiene ochenta y un millones de habitantes, lo que convierte al país en uno de los más populosos del continente africano. La feligresía adventista del país supera apenas los ochocientos miembros, en diecinueve iglesias. Este es el resultado de más de un siglo de presencia misionera continua. Con el tiempo, la iglesia ha desarrollado una infraestructura significativa. Es verdad que algunos feligreses han emigrado a lugares donde es más fácil practicar la fe adventista, por lo que hay más adventistas egipcios en el extranjero que en el país, pero en términos cuantitativos, hay muy poco de qué jactarse.

Pakistán

Ahora nos remitimos al Asia. Los colportores visitaron la zona por primera vez en 1901, y un grupo inicial de creyentes adventistas comenzó a reunirse en Karachi alrededor de 1910. Hoy día, el país cuenta con ciento setenta millones de habitantes pero tan solo unos trece mil adventistas. La obra de evangelización se encuentra sumamente restringida y, en la práctica, limitada al dos o tres por ciento de los no musulmanes, que a menudo viven en condiciones de pobreza, en aldeas separadas o en forma de guetos en las afueras de las ciudades. Muchos de ellos son analfabetos. Aunque la iglesia administra una institución médica muy respetada en Karachi, y una institución educativa de importancia cerca de Lahore, en el centro del país, el crecimiento es lento, aunque no tan lento como en otras uniones de los países desarrollados de Europa.

Grecia

Mi tercer ejemplo es Grecia. El cristianismo tiene una extensa y colorida historia en el país, pero ha quedado restringido casi exclusivamente en la tradición ortodoxa, que no es conocida por su flexibilidad y tolerancia. Aquí también, los orígenes del adventismo se remontan a los primeros años del último siglo. Después de más de un siglo de trabajo duro, la Misión Griega se halla tan ansiosa como siempre (y acaso más que nunca) de llegar a los once millones de habitantes del país, pero las cifras son exiguas. Las estadísticas indican que en 1975 había doscientos sesenta adventistas en Grecia. Según las últimas cifras disponibles, la feligresía llega hoy a quinientos un miembros. Este incremento, sin embargo, se debe mayormente a la inmigración, en especial de Rumania, y no a la conversión de griegos nativos.

¿Qué significa ser adventista donde los feligreses son pocos?

De ninguna manera quiero que piensen que ser adventista es más fácil cuando se vive en un lugar donde hay muchos adventistas. Pero por cierto, es muy ventajoso pertenecer a una iglesia conocida y respetada, disfrutar los beneficios de la infraestructura eclesiástica y recibir las bendiciones de toda clase de encuentros, seminarios y actividades varias.

¿Qué significa ser adventista en lugares donde somos muy pocos? ¿Qué siente el individuo? ¿Qué significa esto para los líderes de esa unidad administrativa tan pequeña y a menudo en dificultades? Yo sé lo que es crecer como adventista en un ambiente hostil (o al menos indiferente) a mis creencias. Sé también por experiencia lo que es ser líder de una pequeña comunidad de fe que experimenta un crecimiento escaso y difícilmente tiene voz en la sociedad donde le toca desempeñarse.

He viajado bastante y he estado en estrecho contacto con creyentes de muchos países, y creo que puedo imaginar (al menos hasta cierto punto) qué gran desafío ha de ser vivir como adventista en El Cairo, como parte de una minúscula denominación cristiana que es despreciada por la mayoría de los musulmanes y a menudo detestada por los líderes de la iglesia cristiana con mayor presencia en el país. Creo que puedo imaginar lo que debe ser hacerse adventista en las afueras de Karachi, y tener que luchar para dar de comer a mi familia debido a lo difícil que resulta conseguir un empleo que no me obligue a trabajar en sábado, y puedo imaginar en cierto sentido lo que tiene que sentir un miembro adventista en Grecia cuando ve que la mayoría de los esfuerzos misioneros no producen resultados visibles.

¿Qué hacer cuando los números no acompañan?

Permítanme compartir algunas convicciones que pueden brindar orientación y estimular la reflexión.

1. No siempre está mal ser pocos. Hace poco me encontré con un destacado feligrés de una de las islas más pequeñas del Caribe, donde alrededor del cincuenta por ciento de la población es adventista. No me habló de una situación de vitalidad, de esa que deja tras sí una clase de impacto que nos llena de sano orgullo. Para muchos, el adventismo es algo cultural; es parte de una tradición familiar. Esto me hizo reflexionar que ser adventista en soledad requiere una elección constante y deliberada; exige determinación y dedicación. Por ello, los que están más aislados deberían sentir consuelo y fortaleza al pensar que ser parte de un pequeño remanente es una noción muy bíblica. Jesús mismo nos recordó que los números no lo son todo (Mat. 18:20), y que a él le interesa más la espiritualidad y la calidad de los creyentes.

2. Es una gran bendición saber que uno es parte de algo mayor. Si hay algo que los líderes de la iglesia tienen que fomentar en todos los niveles, es la conciencia de que pertenecemos a la familia de Dios, que no conoce fronteras geográficas, nacionales, culturales o lingüísticas. Deberíamos hacer más para garantizar que publicaciones tales como Adventist World lleguen a la audiencia para la cual fueron concebidas, de manera de unir a este movimiento mundial. El número creciente de ofertas adventistas inspiradoras y didácticas por Internet tiene que llegar a los que viven aislados. Asimismo, las visitas de los líderes y especialistas, que pueden instruir e inspirar, fortalecerán aún más los lazos mentales y espirituales con la comunidad adventista mundial. Las bendiciones que resultan de saber que uno es parte de algo más grande y exitoso brindan un ánimo que bien vale la pena el esfuerzo y los gastos que la iglesia le dedique.

3. Una de las grandes características de la Iglesia Adventista es su solidaridad internacional. Aunque en ocasiones esta solidaridad sufre tensiones, los adventistas nos ocupados del prójimo. Damos grandes cantidades de dinero para las misiones, apoyamos proyectos en todas partes del mundo, y participamos de incontables viajes misioneros. La iglesia mundial destina cantidades muy sustanciales de dinero para el trabajo en lugares donde los resultados se demoran en llegar. Afortunadamente, la misión adventista no está motivada tan solo por los números y el costo-beneficio. Parte del mayor aporte financiero de la Asociación General (en términos per capita) va dirigido a las Divisiones más pequeñas, donde los números no acompañan y los resultados inmediatos son modestos.

4. Además de una solidaridad continua, también tiene que existir una actitud carente de prejuicios y que incluya un profundo deseo de entender. Pocas cosas me irritaron y frustraron más durante mis años como presidente de una pequeña Unión, que las sugerencias sutiles y no tan sutiles de que la misión en mi país tendría más éxito si copiáramos los métodos que habían dado resultado en partes del mundo que habían experimentado un marcado crecimiento. Las circunstancias difieren grandemente de país a país y de cultura a cultura. Las situaciones difíciles requieren pensamientos creativos y experimentación cuidadosa pero valiente que esté basada en los valores de las Escrituras. Nuestros creyentes y líderes que testifican y trabajan bajo las circunstancias más apremiantes tienen que sentir que se les permite ser creativos e innovadores.

5. Finalmente, asegurémonos de ser una comunidad mundial de oración. ¿Qué puede otra persona más a alguien que vive en un lugar aislado que el saber que alguien ora por él? Cuando oramos y trabajamos, dejamos el futuro y la tasa de crecimiento en las manos poderosas de Dios. Porque no es la iglesia de usted o mi iglesia: es la iglesia de Dios. Me gusta mucho lo que expresa Elena White cuando nos recuerda que veamos el cuadro completo: «Aunque gran parte de los frutos de su labor no se note en esta vida, los obreros de Dios tienen su segura promesa del éxito final».*



Fuente: Adventist World / Abril 2010
Autor: Reinder Bruinsma, nacido en Holanda, antes de jubilarse ha servido en distintas responsabilidades a lo largo de su larga carrera en la iglesia. Cuando era presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Holanda escribió la Lección o Guía de Estudio de la Biblia para la Escuela Sabática, "Caminar la Vida Cristiana". También autor de casi veinte libros, algunos de los cuales han sido traducido a varios idiomas.
Referencia: * Elena White, Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 310.

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martes, 26 de mayo de 2009

5 lecciones que aprendí. Por Jan Paulsen

Hablar de “lo que aprendí” no es una ciencia exacta; siempre existe el peligro del autoengaño. No se puede probar que aprendimos algo con tan solo mencionarlo; por el contrario, es algo que tiene que probarse en momentos de decisión o crisis.

Al reflexionar en mis cincuenta años de ministerio y administración eclesiástica y, en particular, en estos diez años como presidente de la Asociación General, veo varias lecciones recurrentes que con paciencia y persistencia, Dios ha procurado enseñarme en su curso de relaciones humanas. Como estudiante, no siempre he sido rápido para aprender, pero en años recientes varias lecciones han quedado plasmadas en mi mente. Son enseñanzas que no se aprenden en un escritorio o que figuran en un libro, sino que resultan de la vida diaria. Son lecciones que aprendí al adorar a Dios junto a personas cuyo idioma, costumbres y experiencias me resultaban extrañas; al relacionarme con colegas y al enfrentar juntos decisiones difíciles y opiniones conflictivas; al hablar con jóvenes, con ancianos y con personas que piensan que mis gustos y perspectivas son tan incomprensibles como las de ellos para mí y, sin embargo, dicen ser mis hermanos y hermanas en Cristo.

Es una lista incompleta; el proceso de aprendizaje nunca termina. Es también una lista que tiene presuposiciones básicas, tales como la necesidad de que la Palabra y voluntad de Dios sean el centro de la vida, además de la entrega diaria a su conducción y la búsqueda del perdón. Estas son lecciones que él me sigue enseñando. Y es con este trasfondo que me permito señalar las siguientes cinco.

1 Lo más importante son las personas.

Puede resultar fácil como iglesia, en especial para los que ejercen el liderazgo, olvidarse de las personas. En las comisiones se suelen discutir valores, declaraciones oficiales, objetivos, proyecciones, reglamentos y planes. En algún momento, todo esto queda separado de la experiencia humana del individuo. Comenzamos a ver un valor intrínseco en las cosas, en lugar de ver que tienen valor siempre y cuando cumplan el propósito divino de alimentar al pueblo de Dios.

En la esfera humana, Dios no hace otra cosa que acercarse a las personas, para atraerlas hacia sí por medio de su amor irreprensible y guiarlas hacia la eternidad. Las personas son lo más importante para Dios. Es por ello que Cristo vino a la tierra. Esta simple verdad tiene consecuencias inimaginables en nuestro diario vivir y en nuestra relación con los demás. En toda clase de relación, el valor del otro supera lo que podemos comprender. Por ello, dentro de la iglesia nuestra pregunta constante debería ser: “¿Cómo afecta esto a las personas?” No es la lógica humana, sino más bien el ilógico amor divino por sus seres creados, lo que tiene que ser el centro de todo cuanto somos y hacemos. Sí, a veces me equivoco; la iglesia como cuerpo a veces también lo hace. Pero es una lección importante que no me abandona.

2 Es imprescindible mirar hacia afuera.

La iglesia está para hacer misión. Sobre esta simple declaración se balancea nuestra identidad, propósito y razón de ser.

He aprendido que este principio conlleva implicaciones sumamente prácticas. ¿Qué prioridades de gastos debería tener la iglesia en momentos difíciles? ¿Cómo estructurar nuestras instituciones o nuestra administración? ¿Cómo debería funcionar la iglesia en una región determinada? Casi todas las preguntas importantes se reducen a esta consideración: ¿Qué es lo mejor para la misión de la iglesia?

Este principio también está relacionado con la utilización de nuestros recursos humanos. Repito algo que ya he dicho: Creo que nuestra capacidad de participar en la misión se ha visto perjudicada a lo largo de los años, por nuestro fracaso en asignar funciones significativas a las mujeres en el ministerio y el liderazgo, y en atraer más jóvenes y profesionales menores de 35 años a los procesos de toma de decisión de la iglesia.

Nuestro enfoque primordial también requiere que sepamos cuál es nuestro principal objetivo. ¿Necesitamos un reavivamiento en la iglesia? ¡Por supuesto! Pero para mí, mirar hacia adentro solo debería ser parte de una forma de volvernos más efectivos hacia afuera. Cuando nos preocupamos constantemente de tan solo “tomar la temperatura” de la iglesia a expensas de nuestra misión, la iglesia se convierte en una comunidad introspectiva, aislada e ineficaz.
Una mirada continua hacia adentro puede resultar desa-lentadora. Si somos honestos, veremos cuantiosas fallas en la iglesia. ¿Debería ser entonces nuestra tarea básica repararlas? ¡No! Hasta que “esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (1 Cor. 15:54), tengo que convivir con mis fallas y las de los demás. Pero también he aprendido que, a pesar de ello, Dios perdona, sana y restaura. Él toma al quebrantado, al frágil y al que tropieza, y lo capacita y motiva para cumplir con la misión.

3 Las consultas triunfan sobre la tiranía.

Muchos años atrás, un importante administrador de la iglesia me dijo: “Recuerde que usted está a cargo solo si no tiene necesidad de probarlo”. He aprendido que esto es cierto. En el liderazgo de la iglesia no hay lugar para tratar de “probar” la autoridad propia; en el mejor de los casos, se torna un ejercicio frenético y defensivo de autoafirmación; en el peor, se vuelve dominador y dictatorial.

La iglesia no funciona según el modelo presidencial, por más que sea necesario tomar algunas decisiones ejecutivas y alguien tenga que asumir en último término ciertas responsabilidades. Sin embargo, en todos los niveles de liderazgo, tomar decisiones implica realizar consultas, analizar los temas y llegar a un consenso. He aprendido que las mejores y más seguras decisiones que pueden hacerse como líder espiritual surgen de un foro de consultas donde sea posible intercambiar ideas con franqueza; donde uno no se sienta amenazado por los que piensan diferente; donde no haya “tabúes” respecto de ciertas opiniones y donde uno esté dispuesto a decir: “Tal vez me equivoqué en esto”, o “Entiendo lo que usted dice, pero no estoy de acuerdo”.

4 No seamos tan serios.

He aprendido que de por sí, la solemnidad no tiene virtud alguna. Puede ser muy saludable para la iglesia desarrollar la capacidad de ver el lado irónico, sorprendente o definidamente humorístico de una determinada situación. Nuestra obra es seria. Pero suceden cosas risueñas. Y al compartir la risa compartimos también nuestra humanidad. Sin llegar a ser frívolos o irreverentes, los momentos de humor pueden ayudar a aliviar situaciones de gran tensión o brindar nueva apertura a las relaciones crispadas. Pueden ser un antídoto efectivo para el engreimiento o la circunspección espiritual. Y vez tras vez he visto que damos lo mejor cuando nos sentimos cómodos con nosotros y con los demás. Sin por ello ignorar la importancia de nuestra obra, disfrutar de un momento de humor que reconozca el elemento humano de lo que hacemos, puede ayudarnos a atravesar un momento difícil. Y creo también que Dios se ríe con nosotros.

5 Dios suple lo que falta.

He aprendido que más allá de mis fallas y errores, el Señor seguirá caminando a mi lado para renovarme y capacitarme a fin de que cumpla su propósito. Este no es mi derecho exclusivo. Creo que Dios nos toma a cada uno de la mano y dice: “Te doy una misión especial; yo estaré contigo y supliré lo que falte para que la misión sea cumplida”.

Esto es algo que percibo de manera especial cuando visito feligreses de diversas partes del mundo. Muchas veces, alguien a quien jamás he visto me dice: “Pastor, quiero que sepa que oro por usted. Cada día lo menciono por nombre ante Dios”. Nadie tiene idea de cuánto significa esto para mí, porque siento que el Señor oye sus oraciones y que por amor a su iglesia me capacita, no por lo que soy sino por lo que él desea que haga.

He sentido también que la mano de Dios me ha ayudado a tener una visión más equilibrada de la teología, que la que tenía de joven. Veo ahora dimensiones que en lugar de dispersar a la grey ayudan a conservar la unión de la iglesia; por ello, como teólogo soy más “generoso” ahora que hace veinticinco años. Como docente de teología, me limitaba a operar según el libro de texto. Hoy me aferro firmemente a la teología pero la relaciono con la iglesia como una comunidad religiosa viviente, orgánica, en crecimiento y mundial, como ese pueblo que Dios anhela que permanezca unido.

Veo que así como el Señor ha procurado enseñarme el inmenso valor que él da a los individuos, mi enfoque teológico tiene que esforzarse por atraer a las personas en lugar de expulsarlas. Es verdad que existen posiciones que representan una negación de nuestra identidad y de las Escrituras y con las cuales no podemos reconciliarnos ni transigir. Pero he aprendido que a veces no todos vemos las cosas de la misma manera y aun así seguimos unidos y tenemos el mismo destino.

¿Cómo se produjo este cambio? Una vez más, creo que fue una carencia suplida por el Señor; fue una necesidad satisfecha para cumplir sus propósitos. Y si lo hizo por mí, sé que también lo hace por otros.
Es bueno que cada uno de nosotros mire hacia atrás y reflexione en lo que el Señor nos enseña a lo largo del camino. Al hacerlo, creo que podremos divisar su mano que obra en nuestras vidas y corazones. Porque todos juntos somos estudiantes “en la escuela de Cristo, siempre aprendiendo más del cielo, más de la Palabra y la voluntad de Dios; más de la verdad y de cómo usar fielmente el conocimiento […] obtenido”.*


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Jan Paulsen es presidente de la Iglesia Adventista mundial.
Referencia: *Elena G. de White, Hijos e hijas de Dios (1978), p. 74.

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viernes, 8 de mayo de 2009

Una iglesia adventista dinámica en tiempos difíciles

Cuando se conocieron las noticias de la crisis económica mundial, más de trescientos miembros de la Junta Directiva de la Iglesia Adventista se hallaban reunidos en Manila, Filipinas, para analizar temas claves de la administración eclesiástica. Jan Paulsen, presidente de la Asociación General, conversó luego del encuentro con Bill Knott, editor de Adventist World, sobre algunas de las decisiones de largo alcance que se tomaron en el Concilio Anual 2008.

Bill Knott: ¿Cómo le explicaría a un miembro de iglesia común y corriente qué beneficios recibe la iglesia al llevar a cabo encuentros tales como el Concilio Anual 2008 fuera de Norteamérica? ¿Qué gana la iglesia con esto?

Jan Paulsen: Mientras estamos en Manila, el mundo está experimentando lo que ha sido denominado un “derrumbe económico”. Esto afecta a los individuos, las organizaciones y los gobiernos. Y por supuesto, también afecta a la iglesia. Debido a ello, uno podría preguntarse: ¿Por qué realizar el Concilio Anual fuera de Norteamérica, con el esfuerzo y los gastos adicionales que ello implica?

Creo que este es el costo de mantener unida a la familia. Alrededor del 94 por ciento de la feligresía mundial vive fuera de Norteamérica. Es por ello que resulta de suma importancia que cuando los líderes se reúnen en concilio, la feligresía sienta que es parte de lo que está pasando, que es parte del proceso.

En las Filipinas tenemos unos setecientos mil miembros y tenemos universidades, hospitales y otras instituciones. El gobierno y los medios conocen bien a la iglesia, tanto por número como por nombre. Unas catorce mil personas asistieron al programa sabático en Manila y hubo un maravilloso sentido de comunión y un gran espíritu de celebración.

Creo que es bueno que los líderes de la iglesia mundial enfaticen el carácter global de la familia de la iglesia al llevar a cabo eventos como este. En el pasado, se han realizado otros encuentros similares en Sudamérica, Centroamérica, Australia, Europa y África. De manera que era lo correcto que esta vez nos reuniéramos en Asia.

O sea, ¿significa esto que a veces uno tiene que trasladarse para que los miembros sientan que la iglesia no se interesa solamente por lo que sucede en Norteamérica?

Sí, por supuesto. La presencia física hace la diferencia. Los miembros ven que vinimos y, por así decirlo, “izamos la bandera”. Para la Iglesia Adventista de las Filipinas resultó significativo; 
los feligreses se sintieron orgullosos de la iglesia. Pudieron celebrar su fortaleza y sentirse animados y motivados por ello.

Usted se refirió antes a las noticias de la crisis económica mundial, que coincidieron con el Concilio Anual en Manila. ¿Hasta qué punto afectó esta crisis el curso de las reuniones? ¿Qué impacto tendrá en la iglesia en las próximas semanas y meses?

No existen predicciones absolutas para semejante descalabro financiero. En el mundo, nadie tiene la capacidad de saber qué va a pasar con los mercados en los próximos días o meses. Los que trabajamos en la administración de la iglesia debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo al respecto? ¿Qué presupuesto estamos votando? Nuestros presupuestos se basan en la fe, es decir, en la fidelidad en diezmos y ofrendas de los miembros para el año siguiente; no sobre la base de lo que ya tenemos en el banco.

En los últimos años hemos recibido bendiciones maravillosas, y esto nos ha ayudado a planificar. Pero las incertidumbres de los mercados financieros no tienen parangón en la historia reciente. ¿Tenemos entonces que seguir como si nada hubiera sucedido? Por supuesto que no. Cuando presentamos el presupuesto al Concilio Anual, propusimos que el Consejo Administrativo de la Asociación General conserve la capacidad de realizar ajustes intermedios al presupuesto, de manera de tener la flexibilidad de responder y adaptar nuestras finanzas a la cambiante situación económica mundial.

¿De qué manera se verán afectadas las operaciones de la iglesia durante el año fiscal 2009?

Los feligreses necesitan saber que avanzaremos con cuidado y prudencia hasta tener una visión más clara de la situación económica. Es importante que también sepan que estas circunstancias afectarán los fondos destinados a las operaciones de la sede central. Vamos a posponer el reemplazo de algunas vacantes y trabajar para reducir los gastos en otras áreas.

El objetivo de conservar la flexibilidad financiera a fin de enfrentar la realidad económica actual se relaciona providencialmente con otro tema significativo que fue analizado en el Concilio Anual: la flexibilidad y su relación con la estructura eclesiástica.

Sí, la Comisión de Ministerios, Estructuras y Servicios presentó su informe final, y la Junta Directiva adoptó por unanimidad dos importantes recomendaciones. Lo que la Junta Directiva quiere decir con esto es: Somos una comunidad en crecimiento, dinámica y mundial. Es por ello que a menudo tenemos que preguntarnos: ¿Cuál es la manera más efectiva y responsable de avanzar? Tenemos ciertas formas y estructuras que datan de varias décadas atrás. ¿Representan ellas la manera más eficiente de que la iglesia cumpla su misión? ¿O será que el crecimiento de la iglesia y los cambios en el mundo donde esta opera significan que es necesario racionalizar ciertos procesos?

La comisión ha estado estudiando estos interrogantes durante tres años; sus miembros han procesado una vasta cantidad de información y los aportes de toda la iglesia mundial. En el Concilio Anual 2007 adoptamos la primera parte de las recomendaciones de la comisión al aceptar el principio de “flexibilidad” (que la iglesia local defina, dentro de ciertos límites, las estructuras administrativas que mejor se adaptan a sus necesidades y circunstancias). Dijimos que tenía que existir un elevado nivel de confianza. A veces tenemos que permitir que la iglesia local decida cuál es la mejor manera de perseguir los valores, la identidad y la misión que son comunes a un determinado contexto particular.

En este Concilio Anual, la comisión recomendó que analicemos cuál es el mejor método para definir y llenar las vacantes de los departamentos de la Asociación General. La comisión está diciendo: Extendamos este principio de flexibilidad y confianza, de manera que la Junta Directiva, en el Concilio Anual, pueda responder de manera dinámica a las realidades actuales, revisar las necesidades y responder con presteza a los desafíos si así fuera necesario.

Por ello, en el Congreso de Asociación General en 2010 pediremos que se considere la recomendación de otorgar a la Junta Directiva mayores responsabilidades. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué es lo mejor para la iglesia? ¿Cuál es el curso de acción más prudente y efectivo? ¿Deberíamos continuar haciendo las cosas de la misma forma, solo porque siempre se han hecho de esa manera?

Es importante que recordemos que al proponer que se deleguen algunas responsabilidades al Concilio Anual, no nos estamos refiriendo a un grupo pequeño o falto de representación.
Por cierto, no es un grupo insignificante.

¡No, no! Es un grupo de más de trescientos líderes, pastores y laicos en representación de toda la iglesia mundial que se reúnen cada año. Es un organismo único. En números absolutos son menos que en un congreso mundial, pero no por ello son menos representativos.

A menudo hemos dicho que cuando la iglesia se reúne en el Congreso de la Asociación General, Dios está presente de manera particular, guiando a su iglesia. Pero creo que sucede lo mismo cuando los delegados al congreso deciden devolver parte de sus responsabilidades.

La bendición de Dios –la presencia entre su pueblo– no termina cuando termina el congreso.

Así es. La comisión hizo una segunda importante recomendación que fue adoptada por el Concilio Anual, a saber, que la elección de los directores asociados de los departamentos y ministerios de la Asociación General se realice en el primer Concilio Anual posterior al congreso mundial.

¿Cuál es la razón de este cambio? Como presidente, he estado en la junta de nombramientos del congreso mundial de la Asociación General dos veces; sé que suceden demasiadas cosas en pocas horas. En algunos casos, quizá, no se pueden hacer las cosas bien. Pero si se adoptan las recomendaciones de la comisión, en el futuro se podrá dedicar más tiempo a analizar de manera deliberada la selección de personas que ocuparán los principales puestos administrativos, y los que liderarán esos departamentos.

En segundo lugar, esto permitirá que los directores elegidos en el 
congreso tengan dos o tres meses 
para analizar, en consulta con el presidente y la administración, cómo completar la nómina de sus departamentos. También expresé públicamente en Manila que la junta de nombramientos del Concilio Anual, que tendrá la tarea de realizar las nominaciones para los puestos departamentales, tiene que estar compuesta de manera de reflejar adecuadamente la iglesia mundial; tiene que representar apropiadamente a los laicos y los pastores de iglesia.
Al mirar a los delegados al Concilio Anual, tengo la impresión de que representa admirablemente la 
diversidad racial y étnica de la iglesia mundial. Pero las estadísticas dicen que del 65 al 70 por ciento de la feligresía mundial está compuesta por mujeres, aunque las delegadas solo representan el diez por ciento de los asistentes. ¿Qué puede decir al respecto?

Históricamente este ha sido un 
proceso muy lento. Como en congresos anteriores se decidió no ordenar a las damas al ministerio, las mujeres no han tenido el mismo acceso a los puestos de liderazgo. Ha sido más difícil hallar damas con el trasfondo y la experiencia para que participen plenamente en el proceso del Concilio Anual. Pero no hay duda que se están haciendo esfuerzos deliberados para corregir esto. Tenemos que elegir más mujeres para formar parte de la Junta Directiva de la Asociación General. También tenemos que incluir más profesionales laicos menores de 35 años –no porque tengan que ocuparse del liderazgo de la iglesia– sino porque tienen habilidades y competencias que realmente son muy útiles para cumplir nuestra tarea. También necesitamos garantizar que puedan colaborar durante un período considerable de tiempo (quizá, inclusive, hasta por diez años) de manera que puedan ser productivos contribuyentes de la Junta Directiva.

Me parece que este modelo representa un enfoque mucho más responsable de la planificación, y se presta para que se reúna el mejor y más representativo equipo de hombres y mujeres para colaborar con los departamentos.
A partir de estas recomendaciones, ¿cuáles serán los próximos pasos?
Serán analizadas por los delegados 
al Congreso de Asociación General 2010 en Atlanta, donde estoy seguro que generarán más discusiones, tal como debe ser. A lo largo de todo 
este proceso, hemos querido expresar que no tenemos que aprisionar a la iglesia dentro de formas o estructuras rígidas que no pueden ser cambiadas y que se han vuelto “sagradas” solo porque “siempre se ha hecho así”. 
No olvidemos el cuadro completo. Pensemos en las necesidades y exigencias de una iglesia cada vez más grande y en nuestra obligación de buscar constantemente maneras de realizar la obra de manera más eficiente y que en todo lo que hagamos, sigamos concentrados en los valores supremos de la misión y la unidad, para entonces avanzar con confianza donde el Señor nos guíe.

Fuente: Adventist World

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martes, 24 de marzo de 2009

Mayoría de uno. Por Bill Knott

Algún día, por la gracia de Dios, llegaré a ser parte de un amplio y popular movimiento de masas.

Es sumamente probable, sin embargo, que esto no suceda hasta que el día me encuentre de pie junto a los millones de santos vestidos de blanco mencionados en Apocalipsis 7. Ellos se reúnen ante el trono y el Cordero con palmas en sus manos, y exclaman a gran voz: “¡La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero!” (Apoc. 7:9, 10).

Hasta que llegue ese momento, como discípulo de Jesús, es probable que me tenga que conformar con pertenecer a una pequeña y a veces impopular minoría, porque la fe de Jesús siempre se identifica con la puerta estrecha. No debería esperar que los que veneran a otros dioses, caminan por la senda ancha o se acuerdan de su cristianismo durante una hora por semana, hagan declaraciones públicas y grandilocuentes de las verdades bíblicas que tanto amo.

Por cierto, es más fácil escribir y leer estas palabras que vivirlas, porque nuestros corazones anhelan ser parte de una mayoría. En ocasiones, inconscientemente, inclusive juzgamos el valor de las cosas según cuántos elijan lo que nosotros escogimos o vivan como vivimos.

Ciento cincuenta años atrás, un hombre que conocía la fortaleza de elegir lo correcto por sobre lo popular escribió palabras que siempre han adornado las paredes de mi vida. Dijo él que las personas sinceramente convencidas de una gran verdad no deberían “esperar hasta tener mayoría de uno para aceptar el derecho de que esta prevalezca por sus propios medios. Creo que es suficiente que tengan a Dios de su lado, sin esperar a nadie más. En efecto, todo hombre más justo que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno”.*
Como adventistas, en rápido crecimiento como movimiento cristiano mundial, aún haríamos bien en escuchar estas palabras. Pocos adventistas tienen el privilegio de vivir donde su fe es tenida en alta estima o celebrada por la mayoría. Muchos creyentes viven la soledad que Moisés experimentó en el desierto o que el apóstol Juan conoció en Patmos.

Para ellos –para usted, si también es uno de ellos– destaco la consolación que proviene de ser fiel a la Palabra de Dios y a la conducción del Espíritu: “Es suficiente si tienen a Dios de su lado”.

Sí, mi querido amigo, con eso es suficiente.


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Bill Knott. Editor de la Adventist Review y de la Adventist World. Antes de llegar a la AR, Bill trabajó durante 18 años como pastor en congregaciones que tenían de 7 a 2.000 miembros en Nueva Inglaterra, Nueva York, Michigan y el Estado de Washington. Posee una maestría en Divinidad de la Universidad Andrews (Michigan) y poco tiempo atrás defendió su tesis doctoral en Historia en la Universidad George Washington. Bill es maestro de Escuela Sabática en su congregación de Spencerville, Maryland, y un orador frecuente en retiros, campamentos, seminarios de homilética y encuentros de jóvenes. Le gusta jugar al ráquetbol y al tenis, además de leer y viajar. Junto con su esposa Debby, nutricionista y empresaria, tienen dos hijos llamados Evan y Brady.
*Henry David Thoreau, Desobediencia civil
Fotografía: montaje Menesez Filipov

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viernes, 23 de enero de 2009

El ministerio tecnológico. No es un método tradicional, ¡pero funciona!

Todo el que esté al tanto de las oportunidades de utilizar la tecnología para compartir el evangelio no puede dejar de notar que se están abriendo de par en par puertas no convencionales en los lugares más remotos, ¡aun en el ciberespacio!

Light Stream International, un ministerio laico con sede en Oregón, Estados Unidos, está haciendo uso de la tecnología de avanzada para alcanzar a las personas de diversas regiones mundiales con el mensaje del evangelio. Algunos de los diversos métodos de evangelización de la organización son:

♦ Programación cristiana de televisión por cable para miles de familias de escasos recursos de la India, que hace poco recibieron televisores del gobierno.

♦ Mensajes de esperanza y sanidad en el ciberespacio para jóvenes que buscan un propósito en la vida por medio de Internet.

♦ Una herramienta “secular” de evangelización que conecta, adaptados a la mente china, los conceptos mesiánicos proféticos en los antiguos escritos orientales con las profecías cumplidas de la Biblia.

♦ El mensaje del evangelio adaptado para medios relevantes 
y contemporáneos tales como los filmes, el arte y la música, 
de manera de suplir necesidades espirituales en lugares como Singapur, Bolivia, Australia, África, Filipinas y Europa.

Ministerio de vanguardia

La fuerte convicción de que los seguidores de Cristo tienen que alcanzar a las personas con la verdad no importa dónde estén, llevó a los fundadores Win Wheeler, Cindy Waterhouse-Wheeler y D. Lynn Bryson (pastor de la iglesia adventista de McMinnville, Oregón, Estados Unidos) a establecer en 2007 el ministerio Light Stream International.

Win comenzó a compartir el evangelio utilizando los medios cuando estaba en la universidad. Después de un período como estudiante misionero, presentó las necesidades del 
África en fotografías y videos en diversas iglesias de los Estados Unidos. Luego de graduarse de la Universidad Adventista del Sur, en Collegedale, Tennessee, Win trabajó con compañías de primera línea diseñando sistemas de negocios automatizados a la vez que colaboraba con su iglesia como ingeniero de audio y video. Win cree que Dios lo ha llamado a un ministerio único, por lo que ahora es director de ministerios tecnológicos de su iglesia, director ejecutivo de Light Stream International, e ingeniero de sistemas y sonido del Proyecto Momentum, en la Unión del Pacífico Norte (NPUC).

Cindy, que obtuvo un título de negocios de la Universidad de Oregón, ha administrado organizaciones sin fines de lucro y enseñado a nivel universitario. También ha compuesto canciones y melodías para la adoración y para las transmisiones televisivas. En la actualidad edita contenidos de audio y video, entrena a voluntarios que colaboran en la edición, escribe para el ministerio y colabora con la coordinación del cronograma.

Bryson, pastor en la Asociación de Oregón desde 1985 y sobreviviente de un accidente aéreo casi fatal, tiene la profunda convicción de que la comunicación del mensaje adventista a través de la televisión es esencial para vivir la comisión que Cristo dio a su iglesia.

“Tenemos que llevar nuestro mensaje más allá de nuestros templos, hasta llegar a los hogares –dice Bryson–. Mucha gente jamás entrará a nuestros templos, pero no tienen problemas en escuchar y mirar los programas que se transmiten”.

Con la ayuda de más de cincuenta voluntarios de la iglesia de McMinnville y numerosos afiliados y asociados, Win, Cindy y Bryson han desarrollado un estudio de grabación de alta definición que ha dado inicio a este sistema innovador de evangelismo que permite que Light Stream siga expandiéndose a medida que evolucionan las necesidades tecnológicas y demográficas.

El enfoque de Light Stream

¿Cómo funciona el “enfoque” de Light Stream? Los 
directores de Light Stream confían en que el Espíritu Santo les presente las oportunidades de evangelizar por medio de la tecnología en cualquier lugar del mundo. Entonces el equipo de la organización desarrolla proyectos para alcanzar los corazones y presentar a Cristo de manera relevante según la cultura, utilizando el enfoque tecnológico más apropiado.

Entre los proyectos de Light Stream mencionaremos:
♦ Proyecto Momentum– una colaboración bianual entre la NPUC y Light Stream International, que crea una serie de evangelización que es transmitida por el Hope Channel, la 
Better Life Televisión y otras estaciones cristianas comunitarias.

Como parte de este proyecto se han hecho programas tales como “Imágenes del Salvador”, con el pastor Ron 
Halverson (p); la serie “De tal manera amó” con Jere Patzer, ex presidente de la NPUC; y “El Apocalipsis revelado”, con Jac y ’dena Colón. La distribución de los DVD de la serie hizo que otros se decidieran por Cristo a miles de kilómetros de los lugares originales de las campañas.
♦ Cambio de corazón– un breve filme preparado para audiencias occidentales seculares. Presenta los conceptos cristianos del perdón y la reconciliación utilizando la cinematografía, el diálogo y la música, para mostrar la historia de un padre que pide el perdón de su hijo por la relación dañina que tuvieron antes que el padre hallara sanidad en el amor y la misericordia de Cristo.

Proyectos internacionales en curso

♦ Light Streaming India: Actualmente se está desarrollando un estudio de televisión cristiana para los millones no 
alcanzados de la provincia de Tamil.
♦ Light Streaming Singapur: En esta parte del mundo, 
Light Stream colabora con los esfuerzos de establecer iglesias, preparando contenidos para distribuir en ese y otros países en formato de video, donde se analizan las verdades de Dios y se cuentan relatos que revelan a Dios el Creador como el “Dios de todos los dioses”.

♦ Light Streaming China: Se está planeando un documental sobre los conceptos bíblicos mesiánicos en los escritos de Confucio y de otros sabios de la historia china.

♦ Light Streaming para los jóvenes usuarios de YouTube en todo el mundo: Light Stream colabora con estudiantes de universidades adventistas y cristianas para crear breves mensajes para YouTube de esperanza, sanidad y verdad, relacionados con la realidad de un Dios que nos ama. Este proyecto apunta a los jóvenes que buscan un propósito y un significado en la vida.

♦ Light Streaming Sudamérica: McMinnville Television Ministries, una marca afiliada a Light Stream International, reenvía sermones para que sean transmitidos vía satélite a varios países de las Américas, el Caribe, las Filipinas, Europa, el África, la India y Australia.

A todo el mundo

Light Stream International también tiene la misión de adelantarse para irradiar la luz del amor y la verdad divina a las diversas regiones del mundo. De maneras creativas y por la gracia de Dios, está haciendo su parte para ayudar a cumplir la comisión evangélica: “Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:19, 20).

Fuente: Adventist World Autores: Carolyn Sutton,
Cindy Waterhouse-Wheeler, codirectora de Light Stream International, colabora con el ministerio en actividades de dirección, edición, musicales y de redacción.
  • Si desea información adicional, contáctese con Light Stream International, P.O. Box 1171, McMinnville, OR 97128, EE. UU.; 
o visite el sitio: www.lightstreaminternational.com

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sábado, 6 de diciembre de 2008

¿Es necesaria la Asociación General?

Knott: Imagínese que se halla en un estudio de televisión, y el periodista le dice: “Dígame por qué su iglesia necesita la Asociación General”.
Paulsen: La estructura eclesiástica siempre tiene que servir a la función de la iglesia, de manera que la primera pregunta es: “¿Qué queremos lograr?” Me gustaría sugerir dos objetivos amplios –o funciones básicas– de la administración eclesiástica: la unidad y la misión.
Desde el mismo comienzo, hemos creído que Dios anhela que esta iglesia esté unida como una familia, que no sea ni una iglesia regional ni por cierto congregacional. Nos hemos apegado con firmeza al modelo divino para nosotros, el de una comunidad mundial integrada con una fe común, y recursos e identidad compartidas. En segundo lugar, siempre hemos dejado muy en claro que somos un movimiento misionero. Eso es lo que nos define.
Es inconcebible para mí que esta iglesia pueda mantenerse unida como comunidad mundial y con la misma capacidad de maximizar nuestros recursos para la misión, si no existe la Asociación General, es decir, una estructura a nivel mundial que otorgue cohesión a todas las actividades.
Las estructuras eclesiásticas tienen que servir a la unidad y a la misión y, si no lo hacen, ¡cambiémoslas! Es importante que de tanto en tanto revisemos nuestras estructuras.

Aun así, la última reestructuración general de la iglesia se produjo hace más de un siglo.
Es verdad. Hay otro factor dentro de nuestra iglesia que actúa como un freno para los cambios, y tiene que ver con la historia y la teología. Tenemos a los que dicen: “Dios nos llevó a tener esta estructura. Funcionó bien en el pasado. No interfiramos con lo que Dios nos ha dado”. Y a partir de allí dejan de analizar el tema.
Pero ni Dios ni su pueblo permanecen inamovibles, y por lo tanto tenemos que estar listos para preguntarnos si la obediencia a Dios significa obedecer costumbres y formalidades, o por el contrario los objetivos y la identidad. Me parece que tenemos que optar por los últimos.

Se ha sugerido que a medida que la iglesia crezca, la mejor manera de preservar la unidad sería que la Asociación 
General racionalizara sus actividades, es decir, que redujera sus funciones a un papel de consultora y asesora. ¿Qué responde a esto?
Me agrada mucho la idea de racionalizar nuestras actividades. Esto significa que tenemos que realizar un autoexamen crítico y preguntarnos: ¿Es esta la mejor manera de usar nuestros recursos? ¿Es la estructura que establecimos hace décadas la mejor manera de hacer misión hoy día? ¿Estamos reconociendo que, a medida que la iglesia crece, en todos lados se cuenta con capacidades profesionales y dones espirituales en abundancia? ¿Estamos reconociendo que la iglesia local puede definir de mejor manera qué significa ser iglesia en ese lugar y para esa cultura?

La iglesia debe extender
el sentido de pertenencia
y las responsabilidades
a todos sus miembros.



Nuestros laicos también exigen que seamos prudentes; que estemos abiertos y seamos honestos sobre la forma de utilizar los recursos de la iglesia.
Pero en el proceso de racionalización, tenemos que asegurarnos de no estar comprometiendo los componentes que nos mantienen unidos como iglesia. Al fin de cuentas, un organismo puramente asesor –algún tipo de organización “superdiplomática” que meramente permita la discusión– carecería de efectividad. Por causa de la unidad y la misión de la iglesia, es imperativo que tengamos muy en claro lo que tenemos que hacer. La Asociación General debe cargar gran parte del peso relacionado con los valores y la identidad global de la iglesia.
¿Es muy grande la Asociación General? Sí, creo que sí. ¿Podemos y deberíamos racionalizar nuestros recursos? Sí, creo que podemos y deberíamos hacerlo. Hubo un tiempo cuando éramos el principal sistema de implementación de las diversas ideas y programas de la iglesia mundial. Ya no es así. Y suena arrogante que yo le diga a alguien que está del otro lado del mundo, cómo hacer las cosas.

Algunos podrían decir: “La Asociación General está en los Estados Unidos: sus empleados provienen en gran parte de ese país. ¿Puede servir de manera verdaderamente representativa a nuestra iglesia, que es cada vez más diversa?”
Bueno, la Asociación General tiene que estar en algún país. Hay que preguntarse dónde hay suficiente estabilidad política y financiera. ¿Dónde es mejor que esté ubicada? Por supuesto, muchos lugares del mundo son estables. Pero hay también factores históricos a tener en cuenta. Esta región siempre ha sido una gran proveedora de recursos para la misión, y esto ha sido una gran bendición para la iglesia.
Sí, el personal de apoyo proviene principalmente de los Estados Unidos, y en parte por las leyes migratorias y otros factores sobre los cuales no tenemos mucho control. Pero en lo que respecta a los líderes elegidos, en años recientes ha habido un incremento significativo de la proporción de líderes de la Asociación General que provienen de otros países.
¿Se producen los cambios con la suficiente velocidad? Probablemente nos lleve un par de décadas comenzar a ver cambios significativos en el liderazgo, que reflejen los patrones de crecimiento de la iglesia mundial. De manera que hay un atraso, un período en el que los líderes locales se están preparando mejor para asumir su lugar en el liderazgo internacional. Pero estos cambios se producen inevitablemente. Creo que no falta mucho para que haya un presidente de la Asociación General que provenga de los países en desarrollo, lo que reflejará el tremendo crecimiento de nuestra iglesia en América Latina, África y partes de Asia.
El miembro promedio probablemente piense que la iglesia funciona mediante la clásica forma piramidal, donde toda la autoridad es vertical y hasta podría creer que aun el pastor local cumple órdenes superiores. ¿Es esa una descripción exacta de la realidad de la iglesia?
Probablemente hay aspectos de esa descripción que son verdaderos y no sé cómo podría hacerse de manera diferente. Hay ciertas decisiones que se toman en la Asociación General: la utilización de los recursos y ciertos valores o iniciativas específicas que abarcan a la iglesia mundial. Tenemos una secretaría de Misión Adventista a la que se le ha encomendado la responsabilidad de dedicarse a un programa misionero mundial. En cierto sentido, estas cosas podrían pertenecer a un modelo piramidal. Sin embargo, su propósito es que la iglesia capte la visión de estas cosas, para ver entonces de qué manera implementarlas a nivel local.
Es vital que los miembros de la comunidad adventista puedan opinar sobre la iglesia; que no sientan que se los obliga a apoyar un movimiento sobre el cual no pueden expresarse. La iglesia tiene que extender los derechos y las responsabilidades de propiedad a todos sus miembros. A veces la gente me habla de diversos temas, y entonces me pregunta: “¿Qué está pensando hacer la iglesia?” Yo les respondo: “¿Por qué me preguntan a mí? ¡Ustedes son la iglesia!”
Sin embargo, la iglesia está creciendo y es cada vez más compleja. A medida que el millón de miembros del pasado se convierta en cincuenta millones, y los diez millones de dólares al año pasen a ser quinientos, la complejidad requerirá que se tomen decisiones claras. Y esto implica que sí, es preciso contar con foros definidos y realizar las consultas correspondientes, para entonces tomar las decisiones que sean necesarias.
Usted dijo antes que la administración eclesiástica debería contar con una mayor autonomía local. Algunos temen que esta descentralización también ponga en riesgo la unidad teológica.
Aquí llegamos a la pregunta central de la identidad adventista: ¿Qué valores y creencias nos definen como iglesia mundial? Y no me refiero solamente a los valores teológicos, sino a los que pertenecen al mundo de la moral y la ética. Tenemos 28 creencias fundamentales (al menos en la actualidad), que no están siendo “rediseñadas” en ninguna otra parte del mundo. Ellas conforman un cuerpo significativo de los valores que defendemos. Haremos todo lo posible para garantizar que la iglesia, en todo el mundo, acepte y se mantenga fiel a ellas.
No podemos controlar la mente de otros seres humanos. Una mentalidad beligerante y controladora que por ejemplo diga: “destruyámoslos”, no funciona en general con los seres humanos, y por cierto no es lo que corresponde dentro de la iglesia. Pero ello no significa que no hagamos todo lo posible por defender la integridad de la iglesia ante ciertos temas, ya sea se presenten en una institución de educación superior o en relación con un estilo particular de adoración. Es importante analizar estas cosas con los líderes responsables en esos lugares y esto se está haciendo de manera periódica.
Creo también que tenemos que aceptar que la obediencia a Dios puede expresarse en forma diferente en diversas culturas. A veces es difícil hablar de ello. Un grupo de africanas puede llegar a la iglesia con sus canastos de la Recolección, mientras se balancean de un lado a otro cantando: “Otros dioses no tengo…” Hay realidades culturales, maneras de expresarse, que no pueden ser anuladas, y el Señor no nos pide que lo hagamos.
De manera que usted está haciendo un llamado a un acto continuo de fe o confianza mutua; de entender que el Señor está obrando tanto con usted como conmigo.
Así es. Para mí, es de suma importancia que confiemos en los demás. Veo personas que demuestran su pasión por la iglesia y su fe en Dios de maneras que pueden ser muy diferentes a las mías. Pero están sirviendo a Dios, y su testificación es eficaz.
Estos son realmente grandes temas: la estructura eclesiástica, la unidad y la misión. Se podrían decir muchas cosas más al respecto. Son temas dinámicos; no permanecen mucho tiempo sin cambios. Y son preguntas a las que tendremos que regresar, para ver entonces adónde nos guiará 
el Señor.

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