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jueves, 10 de junio de 2010

59º Congreso de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día / Mensaje de Jan Paulsen

Mensaje de Jan Paulsen, presidente la Iglesia Adventista del Séptimo Día.



Para los delegados y asistentes a la Conferencia de 2010 Sesión General:

El Congreso de la Asociación General es una ocasión única. No hay un momento en la vida de la Iglesia, que demuestra tan claramente - de modo tangible - la forma extraordinaria que el Espíritu de Dios se está moviendo entre nosotros. Y estoy encantado de invitarlos a presenciar y participar del 59º Congreso de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, en Atlanta, Georgia, del 23 junio al 3 julio 2010.

¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué invertimos el tiempo y los recursos cada cinco años para reunir a representantes de cada parte de nuestra Iglesia en todo el mundo? La respuesta, creo, va al corazón de nuestra identidad y misión. A través de estas reuniones afirmamos poderosamente que somos un solo pueblo, unidos en la fe, y obligados por nuestro deseo compartido de ser instrumentos de los propósito de Dios en el mundo.

Entonces, nos reuniremos para:

Dar gracia. Este será un tiempo para adorar a nuestro Señor, para celebrar el "sabor internacional de nuestra familia, y degustar un poco de la comunión eterna por venir. Estoy especialmente contento de que hemos elegido esta ocasión para explorar el papel del pastor de la iglesia local en la vida y el testimonio de la Iglesia Adventista. Esto es apropiado. Lo sagrado, -a menudo- la difícil tarea de guiar a la congregación local es la que subyace en todo lo que somos y hacemos como una comunidad espiritual.

Planificar. Vamos a utilizar nuestro tiempo juntos para revisar y evaluar, para intercambiar ideas y hacer planes, y preguntar: "¿Cómo el mundo que nos rodea cambio en los últimos cinco años? ¿Cómo estamos, como iglesia, que ha cambiado? ¿Qué retos tenemos por delante? ¿Qué oportunidades tenemos que entender?" Porque cuando todo está dicho y hecho, sólo tenemos un propósito fundamental: fortalecer la iglesia de Dios para la misión.

Renovarnos. Cuando oramos juntos, planeamos juntos y compartimos con los demás, el Espíritu Santo seguramente estará con nosotros también. Individualmente, y como comunidad, esto será un momento para renovar nuestro compromiso con el Señor y con la tarea de proclamar Su gracia al mundo.

Por favor únase conmigo en oración, para que el Espíritu se mueva poderosamente y miremos -a un mismo tiempo- hacia atrás como un momento crucial de renovar propósitos y visión dentro de nuestra Iglesia.

Que esta sea nuestra experiencia.

Suyo, en Su servicio,

Jan Paulsen




Fuente: General Conference of Seventh-day Adventists
Traducción: MF / OjoAdventista.com

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viernes, 9 de abril de 2010

Ultimo llamado al Pueblo de Dios. Por Robert H. Pierson

"Esta va a ser la última vez que en mi actual función estaré ante los líderes de mi iglesia, vuestra iglesia, nuestra iglesia, y tengo algunas palabras que dejarles. He tomado mis pensamientos del anciano Ralph Neall y de su esposa, donde ellos describen cómo una secta evoluciona en una iglesia. Ellos dicen que una secta a menudo comienza a través de un líder carismático con un tremendo poder de conducción y compromiso, y que surge como una protesta contra la mundanalidad y el formalismo en una iglesia. Generalmente es abrazada por los pobres. Los ricos perderían mucho uniéndose a ella, ya que es impopular, despreciada, y perseguida por la sociedad en general. Ella posee creencias bien definidas y firmemente sostenidas por sus celosos miembros.

Cada miembro toma su propia decisión para unirse a ella y sabe lo que ella cree. Hay poca organización o propiedad, y hay pocos edificios. El grupo posee normas estrictas y controles de comportamiento. Los predicadores, a menudo sin educación, surgen por una compulsión interna. Existe poca preocupación con las relaciones públicas.

Y así surge la segunda generación. Con el crecimiento viene la necesidad de organización y de construir edificios. Como resultado de la diligencia y de la frugalidad, los miembros se vuelven prósperos. A medida que la prosperidad aumenta, comienza a disminuir la persecución. Los hijos que nacen en el movimiento no necesitan tomar decisiones personales para adherirse a ella. Ellos no necesitan necesariamente saber lo que creen. No necesitan establecer sus propias posiciones. Estas ya han sido establecidas para ellos. Los predicadores surgen más por selección y por aprendizaje de los obreros más antiguos, que por una compulsión interna directa.

En la tercera generación, se desarrolla la organización y son establecidas las instituciones. Se ve la necesidad de escuelas para mantener la fe de los padres. Son establecidos los colegios o universidades. Los miembros tienen que ser exhortados para que vivan de acuerdo con las normas, mientras que al mismo tiempo las normas de la membrecía son rebajadas. El grupo se vuelve descuidado a respecto de desfraternizar a los miembros no practicantes. El celo misionero se enfría. Hay más preocupación con respecto a las relaciones públicas. Los líderes estudian métodos para propagar su fe, empleando algunas veces recompensas extrínsecas como motivación para que sus miembros ejecuten su servicio. Los jóvenes cuestionan por qué son tan diferentes de los demás, y comienzan los casamientos con personas de otra fe.

En la cuarta generación hay mucho más maquinaria; aumenta el número de administradores mientras que el número de obreros en el campo disminuye proporcionalmente. Se efectúan grandes concilios de iglesia para definir doctrinas. Son establecidas más escuelas, universidades, y seminarios. Estos van al mundo para buscar su acreditación y tienden a volverse secularizados. Se reexaminan las posiciones y se modernizan los métodos. Se le da atención a la cultura contemporánea, con un interés en las artes: música, arquitectura, literatura. El movimiento trata de volverse “relevante” para con la sociedad contemporánea envolviéndose en causas populares. Los servicios se vuelven formales. El grupo goza de completa aceptación por parte del mundo. ¡La secta se ha convertido en una iglesia!

Hermanos y hermanas, ¡esto jamás debiera acontecerle a la Iglesia Adventista del Séptimo Día! Esta no es una iglesia más — ¡es la iglesia de Dios! Pero ustedes son los hombres y mujeres que están sentados en este santuario esta mañana, y donde Dios quiere asegurarse que esto no va a suceder.

Ya existen fuerzas sutiles, hermanos y hermanas, que están comenzando a ser agitadas. Desafortunadamente, existen aquellos en la iglesia que menosprecian la inspiración de la Biblia, que desprecian los primeros 11 capítulos del Génesis, que cuestionan la corta cronología de la tierra, del Espíritu de Profecía, y que sutilmente, y a veces no tan sutilmente, atacan el Espíritu de Profecía. Existen algunos que apuntan a los Reformadores y a los teólogos contemporáneos como fuente y norma para las doctrinas Adventistas del Séptimo Día. Existen aquellos que supuestamente están cansados con las repetitivas frases del Adventismo. Existen aquellos que quisieran olvidar las normas de la iglesia que nosotros amamos. Existen aquellos que codician y que cortejan el favor de los evangélicos; aquellos que le quitarían el manto a una determinada persona; y aquellos que caminarían en el mundo secular y material.

Compañeros líderes, amados hermanos y hermanas, ¡no permitan que esto suceda! Les hago un llamado sincero esta mañana, ¡no permitan que esto suceda! Apelo a la Universidad de Andrews, al Seminario, a la Universidad de Loma Linda, ¡no permitan que esto suceda! No somos Anglicanos del Séptimo Día, no somos Luteranos del Séptimo Día, ¡somos Adventistas del Séptimo Día! Esta es la última iglesia de Dios con el último mensaje de Dios.

Ustedes son los hombres y mujeres, los líderes, a quienes Dios esta llamando para mantener la Iglesia Adventista del Séptimo Día como iglesia remanente, ¡la iglesia que Dios ha destinado para triunfar!

La sierva del Señor dice: “Tremendos peligros aguardan a los que tienen responsabilidades en la obra del Señor: peligros que me hacen temblar cuando pienso en ellos” 2MS:451. Y en Eze. 22:30 leemos: “Busqué entre ellos algún hombre que reconstruyera un muro, y se pusiera en la brecha ante mí, a favor de la tierra para que yo no lo destruyera. Y no lo hallé”.

Creo que esta mañana, compañeros líderes, Dios está buscando hombres y mujeres, líderes intrépidos, hombres y mujeres que amen la iglesia de Dios, y la verdad de Dios, más de lo que aman sus vidas, como para ver que ésta iglesia, bajo la guía de Dios, se encamina hacia el reino.

La tarea que está delante de nosotros no va a ser fácil. Si yo entiendo la Biblia y el Espíritu de Profecía correctamente esta mañana, delante de nosotros hay un tiempo de angustia, un tiempo de desafío tal que ni la iglesia ni el mundo han conocido antes.

La sierva del Señor nos dice: “El enemigo de las almas ha procurado introducir la suposición de que había de realizarse una gran reforma entre los adventistas del séptimo día, y que esa reforma consistiría en renunciar a las doctrinas que están en pie como las columnas de nuestra fe y que había de comenzar un proceso de reorganización. Si se efectuara esta reforma, ¿qué resultaría? Los principios de verdad que Dios en su sabiduría ha dado a la iglesia remanente serían descartados. Sería cambiada nuestra religión. Los principios fundamentales que han sostenido la obra durante los últimos cincuenta años serían considerados como error. Se establecería una nueva organización. Se escribirían libros de una nueva orientación. Se introduciría un sistema de filosofía intelectual. Los fundadores de ese sistema irían a las ciudades y harían una obra maravillosa. Por supuesto, se tendría poco en cuenta el sábado y también al Dios que lo creó. No se permitiría que nada se interpusiera en el camino del nuevo movimiento. Los dirigentes enseñarían que la virtud es mejor que el vicio, pero habiendo puesto de lado a Dios, resolverían depender del poder humano, que no tiene valor sin Dios”. 1MS:238-239.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día tuvo su alfa hace algunos años atrás. Ustedes y yo somos los líderes que enfrentaremos la omega que tendrá el mismo origen diabólico y sutil. Su efecto será más devastador que la alfa. Hermanos, les ruego, ¡estudien, conozcan lo que está delante, y entonces con la ayuda de Dios, prepárense y preparen al pueblo para enfrentarla!

“Dios llama hombres que estén preparados para enfrentar emergencias, hombres que en una crisis no se encuentren en el lado errado”. (Review and Herald, 5 de Noviembre de 1903). “Estamos delante del gran conflicto, y este no es tiempo para compromisos. No es tiempo para esconder nuestros colores. Cuando estalle el conflicto, que nadie se vuelva traidor. No es tiempo de deponer ni ocultar nuestras armas, y darle a Satanás la ventaja en la guerra”. (Review and Herald, 6 de Diciembre de 1892).

Y entonces les llamo la atención a una visión que tuvo la sierva del Señor, donde ella vio un barco que iba a chocar contra un témpano. Ella dijo: “Navegaba un barco en medio de una densa neblina. De pronto el vigía exclamó: ‘¡Un témpano a la vista!’ Allí, como una elevada torre por encima del barco, estaba un gigantesco témpano. Una voz autorizada exclamó: ‘¡Hazle frente!’ No hubo un momento de vacilación. Se demandaba acción instantánea. El maquinista dio marcha a todo vapor y el timonel dirigió el barco directamente contra el témpano. Con un crujido golpeó el témpano. Hubo una terrible sacudida, y el témpano se rompió en muchos pedazos que cayeron sobre la cubierta con un estruendo semejante al trueno. Los pasajeros fueron violentamente sacudidos por la fuerza de la colisión, pero no se perdieron vidas. El navío se dañó, pero no sin remedio. Rebotó por el contacto, temblando de proa a popa como una criatura viviente. Entonces siguió adelante en su camino.

Bien sabía yo el significado de esta visión. Había recibido mis órdenes. Había oído las palabras, como una voz de nuestro Capitán: ‘¡Hazle frente!’ Sabía cuál era mi deber y que no había un momento que perder. Había llegado el tiempo de una acción decidida. Sin demora, debía obedecer la orden: ‘¡Hazle frente!’ 1MS:240-241.

Compañeros líderes, puede ser que en el futuro no tan distante tengáis que enfrentarlo. Oro a Dios para que os de gracia, coraje y sabiduría.

Finalmente, “¡Cuán maravilloso es pensar que la gran controversia se aproxima a su fin! Al final de la obra nos encontraremos con peligros que no sabremos cómo superar; pero no olvidemos que los tres grandes poderes del cielo están obrando, que una mano divina está en el timón, y que Dios hará que sus propósitos se cumplan. Reunirá del mundo a un pueblo que le servirá en justicia”. 2MS:450-451

Qué maravillosa seguridad tenemos esta mañana, hermanos y hermanas, que ustedes y yo estemos en la obra de Dios. Esta obra no depende de ningún hombre; depende de nuestra relación con Él. Existe solamente una manera de enfrentar el futuro, y esa es a los pies de la cruz. Una iglesia que tenga sus ojos fijos en el Hombre del Calvario, jamás caerá en apostasía.

Gracias, hermanos y hermanas, por darme el privilegio de serviros durante los últimos 45 años, y que Dios bendiga a cada uno de ustedes".



Nota del Editor: Este mensaje fue presentado el lunes 16 de octubre 1978 por el pastor Robert H. Pierson a los dirigentes, delegados y obreros -de todo el mundo- que asistieron al Concilio Anual de la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día. Frente al riesgo de incurrir en un accidente cerebrovascular, debido a las presiones incesantes de su presidencia, y para sorpresa de todos los asistentes del Concilio Anual, anunció su retiro de la presidencia, a partir del 3 de enero de 1979. Este es su último discurso como presidente y es considerado como el más memorable.


Fuente: "Final Appeal to God's People / Review and Herald, October 26, 1978
Autor: Robert H. Pierson. Se desempeñó como presidente de la Unión de las Indias Occidentales Británicas (1944-1947), presidente de la División de Asia del Sur (1950-1954), presidente de la Conferencia de Tennessee-Kentucky (1954-1957), presidente de la Conferencia de Texas (1957-1958 ), presidente de la División de África del Sur (1958-1962), presidente de la División Trans-África (1962-1966), y en última instancia, como presidente de la Conferencia General (1966-1979). Fue un escritor prolífico. Su biografía "Radiant With Hope" es uno de los 28 libros que escribió, muchos de ellos traducidos a varios idiomas, así como cientos de artículos.
Traducción: Los Tres Ángeles
/ Defendiendo el Adventismo

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Visión de las Iglesias Hispanas en América del Norte. Por Monte Sahlin

Desde la década de 1970 un segmento creciente de la Iglesia Adventista en América del Norte ha sido conformado por iglesias locales de habla hispana. Hasta hace poco, las congregaciones hispanas han tenido una tasa de crecimiento más rápido que el promedio y los administradores de las conferencia han favorecido la asentamiento mayor de tales grupos. El endurecimiento de la postura del gobierno de EE.UU. contra la inmigración ha causado una pérdida neta del número de miembros adventistas hispanos en los últimos años. Y hay pruebas de estudios -dicen-que dos tercios de los bautismos en estas congregaciones se encuentran entre los inmigrantes recién llegados que ya tienen vínculos con la Iglesia Adventista, no por conversiones. Sin embargo, este es uno de los sectores más vibrantes del movimiento adventista en los EE.UU. y Canadá.

Dos publicaciones recientes han aumentado considerablemente los estudios disponible sobre las iglesias hispanas Adventista. "Tan cerca y aún tan lejos: Comparando el capital cívico social en dos congregaciones cubanas" (So Close and Yet So Far Away: Comparing Civic Social Capital in Two Cuban Congregations)de Sarah Mahler es un artículo publicado en una nueva colección de estudios etnográficos sobre la religión en Miami. Ella es profesora asociada de antropología en la Florida International University. Johnny Ramirez-Johnson publicó "Una etnografía de la Movilidad Social" (An Ethnography of Social Mobility...) el año pasado. Él es un profesor de religión y ciencias sociales en la Loma Linda University.

Mahler compara una congregación Adventista de Hialeah (foto), con una iglesia Nazarena cercana, ambas conformadas casi exclusivamente de inmigrantes cubanos. Ambas funcionan en idioma español. Ambas son muy conservadoras y centradas en la Biblia. Ambas han tenido un significativo crecimiento.

"Una congregación ha desarrollado dinámicos ministerios que atienden a la gente más necesitada de Miami, incluidos los toxicómanos, trabajadores sexuales, personas sin hogar e inmigrantes indocumentados, mientras que el otro ha desarrollado extensos programas de liderazgo desplegados en gran parte para nutrir y sostener las necesidades de sus propios fieles". (página 42)

¿Cuál de estos describe la iglesia Adventista y que la Nazarena? ¿que piensa usted?

"Los adventistas han sufrido sin duda más que otros cristianos porque se niegan a trabajar en ... Sabbath, sábado, que es un día de trabajo oficial en la Cuba revolucionaria. Muchos de ellos también resisten al sistema del servicio militar obligatorio". (página 46)

Muchos de los miembros de esta congregación, también han experimentado la discriminación racial en Estados Unidos. "La preponderancia de la congregación negra (en esta iglesia) está en marcado contraste todas las otras iglesias cubano-predominante que nuestro equipo de investigación visitó", observa Mahler. La congregación ha hecho mucho para ayudar a sacar a sus miembros de la extrema pobreza con la que llegaron a América, pero poco para alcanzar más allá de sí mismo y ayudar a otros.

La iglesia ha crecido de una asistencia típica a más de 800 y construido una gran instalación de multiples pisos y salas. Pero hoy en día "las diferencias intergeneracionales, en particular los padres cubanos, dividiendo, criado en Estados Unidos y sus criados en los niños, son un desafío cada vez mayor a la solidaridad de la iglesia." Esto es particularmente preocupante debido a que el principal objetivo de esta congregación se ha de construir la unidad y transmitir su fe y las costumbres a las nuevas generaciones. El potencial es que el "envejecimiento de adventismo", que afecta a muchos de los nacidos en las congregaciones en los EE.UU., pronto podría ocurrir en estas iglesias de inmigrantes. Mi propia investigación indica que este es un problema en las iglesias de mayoritaria inmigrantes en la División de América del Norte. (Véase la Misión en Metropolis, 2007.)

Ramírez-Johnson, cuenta la historia de una congregación de puertoriqueños en Leominster, Massachusetts. El conoce que esta congregación porque creció en ella y ha mantenido contactos con los años, lo que hizo que sus entrevistas de campo fuera mucho más enriquecedora. Él informa que es "un ejemplo típico de la comunidad latina adventista del séptimo día de la parte noreste de los Estados Unidos" (página 4). El documenta que una fuente de vitalidad en las congregaciones hispanas es la creencia de que son "mejores que las iglesias de América. De hecho, todos los miembros de la iglesia que oí hablar de este tema cree que el español sería el idioma de Dios y, como tal, tenían una relación más estrecha. Los miembros de la iglesia de esta comunidad se vieron como espiritualmente superiores a sus vecinos norteamericanos ". (página 19)

La observación central de su estudio es cómo miembros de la iglesia hispana "transformó su vida y situación de la pobreza a la clase media". No se equivoque al respecto; esta gente "comienza en la parte inferior de la escalera", y han tenido notable éxito, conseguido educación, mejorando sus empleos, e iniciado pequeños negocios. "Casi todas las familias en esta (congregación), incluye a alguien que se ha graduado, o están actualmente asistiendo a la universidad" (página 20). Es una historia de cómo un grupo de familias han ayudado a los demás tener éxito y superar su desfavorecida situación.


La valoración que los adventistas ponen sobre la educación es un elemento clave en esta historia de éxito. "Los adventistas hacen hincapié en la educación para su propio bien y el valor de la búsqueda del conocimiento", dice Ramírez-Johnson. "Los adventistas también valoran la educación por razones espirituales. Con frecuencia es visto como un proceso de redención, porque la liberación de la ignorancia se percibe como una experiencia espiritual" (página 52). La vida familiar es otra de las claves. La mayoría son hogares con dos padres. Muchos de los hijos adultos se han casado y viven cerca. La mayoría de las familias en esta congregación viven en la misma ciudad donde se encuentra la iglesia. Se apoyan entre sí en la crianza y alentar a los adolescentes y adultos jóvenes en trabajar duro para lograr la educación, carreras exitosas y la formación de la familia.

Su fe Adventista está estrechamente alineada con sus aspiraciones socio-económicas y educativas. Regularmente ellos están "interpretando cada suceso de la vida desde una perspectiva religiosa" (página 58). El concepto de "un Dios en el control de los acontecimientos de la vida fue comunicada en los servicios de adoración de la iglesia, en las reuniones de casa y contactos cara a cara. Este tipo de dependencia de Dios" es fundamental para la experiencia de fe de los adventistas hispanos y centro de sus esfuerzos para superar la pobreza y los prejuicios (página 59).

Es un trabajo duro subir de la parte inferior en la ultra-competitiva realidad social de los Estados Unidos. La congregación de inmigrantes ofrece un lugar donde se acepta a una persona y es querido, los golpes de la semana pueden curarse, y uno puede estar seguro de que Dios está de nuestro lado y finalmente venceremos.

Ramírez-Johnson informa que los miembros de las iglesias de inmigrantes como el que se estudia son ciegos a la forma en que mezclan la fe con la cultura que traen con ellos a los EE.UU. "Cuando conscientemente explore el modelo de ir a la iglesia cada sábado como similar al de volver a la isla cada sábado, me encontré con una inmediata oposición . Los informantes con los que he compartido esta idea no le gustaba y descartaron la idea de asociar su espiritual asistencia a la iglesia con la promoción de la tierra de la cultura puertorriqueña "(página 97). Sin embargo, el capítulo 8 se dedica a probar que esto es precisamente lo que está sucediendo. Mi observación personal es que esto se puede ver jugando en muchos aspectos dentro de la denominación actualmente.

La experiencia adventista ha hecho mucho para ayudar a un gran número de hispanos, tanto en "el Norte" y América Latina irse del mundo. Los adventismo hispano está en auge y expansión, a pesar de reveses recientes debido a la política neo-nacionalista en los EE.UU. El reto ahora es para las iglesias hispanas para desarrollar un mayor alcance (contacto), y empezar a "devolver" a los menos afortunados de afuera de su membresía, así como para ayudar a sus niños a aplicar los valores adventistas y misión en el nuevo contexto cultural en que estos jóvenes encuentran. Los dos desafíos están relacionados entre sí, creo.


Fuente: AdventistToday.com
Autor: Monte Sahlin, ministro ordenado de la Iglesia Séptimo Adventista, organizador comunitario y analista social. Actualmente se desempeña como director de investigación y proyectos especiales para la Conferencia de Ohio. Es presidente de la Junta del Center for Creative Ministry y el Center for Metropolitan Ministry. Es el autor de 20 libros (destacándose su último libro Mission in Metropolis), más de 50 monografías de investigación y artículos periodísticos. Es miembro asociado de la Tony Campolo Graduate School at Eastern University, así como miembro adjunto en el programa de Doctorado en Ministerio en la Andrews University.
Recursos: - Stepick, A.; Rey, T. and Mahler S. J. (2009). Churches and Charity in the Immigrant City: Religion, Immigration and Civic Engagement in Miami. Piscataway, NJ: Rutgers University Press. -Ramirez-Johnson, Johnny (2008). An Ethnography of Social Mobility: Immigrant Membership in a Seventh-day Adventist Puerto Rican Ethnic Church. Lewiston, ME: The Edwin Mellen Press.
Fotografías: portada del website de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Hialeah, Florida.
Traducción: Menesez Filipov, Editor de Ojo Adventista

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domingo, 16 de agosto de 2009

Las "iglesias milagrosas". Por Nathan Brown

Una visión más equilibrada de la acción de Dios en la iglesia.

De vez en cuando se ha informado por medio de diversas publicaciones de la iglesia, de la asociación local u otros relatos de primera, segunda o tercera mano, el aparente crecimiento y prosperidad de alguna de nuestras iglesias en cierto lugar del mundo. Como tema de informe y análisis, estas “iglesias milagrosas” aparecen y desaparecen, aunque pareciera que son un fenómeno omnipresente.

Da la impresión que nos gusta tener una iglesia o distrito milagroso a una distancia razonable de nuestra propia iglesia, y de alguna forma esto alivia nuestras frustraciones en relación con el aparente estancamiento de nuestra propia congregación.

Sin embargo éste no parece ser su único efecto. Es muy probable que tales informes también nos provoquen interrogantes como: “¿Por qué parece que donde yo estoy sucede tan poco, justo donde yo asisto a la iglesia?” “¿Qué podemos hacer al respecto?”

Una desilusión

No hace mucho, asistí a una de esas “iglesias milagrosas” de la cual se decía que es uno de los lugares “donde suceden cosas importantes”. Según el informe la asistencia se había incrementado entre un cincuenta a un ciento cincuenta por ciento respecto del año anterior. Pensando además en el nuevo templo y el programa misionero en plena ejecución, parecía ser el lugar apropiado para asistir a la iglesia.

Mi visita, sin embargo, me produjo una gran desilusión. En pocas palabras, los números no se correspondían con la realidad. Parecía tener más problemas internos que otras iglesias y el enfoque misionero estaba casi totalmente centrado en los números y las estadísticas. El programa misionero se llevaba a cabo a expensas de la atención de los miembros, a quienes en realidad se descuidaba. Francamente, la realidad no concordaba con el informe.

Esta desilusión hace que nos preguntemos: “Si aun nuestros aparentes éxitos son tan inconsistentes (aunque estoy seguro que no todos son así), ¿qué esperanza tienen todas nuestras otras iglesias?”

Otra perspectiva

Al considerar esto, recordé que he pasado muchos sábados en iglesias de todo tipo; siempre miro asombrado para ver lo que sucede en cada lugar.

C. S. Lewis experimentó un sentimiento similar en sus primeros tiempos de cristiano, que expresa de esta manera:

“Cuando me convertí. . . pensé que podía ser cristiano aislado, retirándome a mi habitación para leer libros teológicos sin necesitar ir a la iglesia. . . Los himnos me desagradaban porque los consideraba poemas de poca importancia a los que se les había puesto música de muy mala calidad. Cuando decidí asistir [a la iglesia] me encontré con personas de diferentes aspectos y educación y gradualmente mi vanidad fue desapareciendo. Entendí que los himnos (que seguían teniendo música de muy mala calidad), de todos modos eran cantados con tremenda devoción, por un santo anciano de botas gastadas en el banco contiguo, y entonces comprendí que yo no era digno de limpiar esas botas. Esto hace que uno abandone su propia vanidad solitaria”.1

La verdad es que cada iglesia es una iglesia milagrosa. Basta con mirar al extraño conjunto de adoradores para apreciar el milagro que hace que se unan personalidades e historias tan diversas. Como joven, a menudo me siento maravillado e insignificante al observar a miembros de mayor edad que han pasado toda su vida comprometidos con la fe y con la iglesia.

El milagro continúa

El relato de la ascensión de Cristo es el relato del desarrollo de la iglesia cristiana y las muchas cartas del Nuevo Testamento están dirigidas a iglesias individuales. A manera de ejemplo, las cartas a las siete iglesias de los primeros tres capítulos del Apocalipsis presentan estos grupos eclesiásticos distintivos y muestran que cada una tenía sus fortalezas y debilidades. Todas estas iglesias como también los cristianos del primer siglo, poseen un lugar especial en el creciente reino de Dios. Todas fueron partes vitales del vasto milagro revelado en el primer siglo.

Ese milagro continúa y por la gracia de Dios, somos parte de él. Nuestras experiencias individuales en la iglesia tendrán momentos maravillosos y también de desilusión. Sin embargo, nuestra participación como parte del cuerpo de Cristo siempre será un milagro. Si nos concentráramos más en el milagro de nuestra propia pertenencia a la iglesia, nuestras experiencias estarían más cerca del milagro que de la desilusión.

En relación con la adoración en la iglesia, Lewis escribió: “El culto perfecto en una iglesia es el que casi pasa desapercibido, porque nuestra atención está centrada en Dios”.2

Una iglesia que pasa desapercibida tampoco es lo ideal, pero si fuéramos capaces de prestar menos atención a nuestros esfuerzos por crear “iglesias milagrosas”, podríamos dirigir nuestra atención al propósito real de la iglesia como parte del reino de Dios.

Todas las iglesias son iglesias milagrosas. Trabajemos en nuestras propias congeregaciones con la ayuda del amor y el poder divino, y el milagro será cada vez mayor.


Fuente: Adventist News
Autor: Nathan Brown (1974-) es editor de las revistas Record y Signs of the Times de la División del Pacífico Sur, y escribe desde Warburton, Victoria, Australia.
Referencias: 1. C. S. Lewis, God in the Dock (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans, 1970), pp. 61 y 62. 2. Lewis, Letters to Malcolm: Chiefly on Prayer (Harcourt, 2003), p. 2.

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