martes, 24 de marzo de 2009

Mayoría de uno. Por Bill Knott

Algún día, por la gracia de Dios, llegaré a ser parte de un amplio y popular movimiento de masas.

Es sumamente probable, sin embargo, que esto no suceda hasta que el día me encuentre de pie junto a los millones de santos vestidos de blanco mencionados en Apocalipsis 7. Ellos se reúnen ante el trono y el Cordero con palmas en sus manos, y exclaman a gran voz: “¡La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero!” (Apoc. 7:9, 10).

Hasta que llegue ese momento, como discípulo de Jesús, es probable que me tenga que conformar con pertenecer a una pequeña y a veces impopular minoría, porque la fe de Jesús siempre se identifica con la puerta estrecha. No debería esperar que los que veneran a otros dioses, caminan por la senda ancha o se acuerdan de su cristianismo durante una hora por semana, hagan declaraciones públicas y grandilocuentes de las verdades bíblicas que tanto amo.

Por cierto, es más fácil escribir y leer estas palabras que vivirlas, porque nuestros corazones anhelan ser parte de una mayoría. En ocasiones, inconscientemente, inclusive juzgamos el valor de las cosas según cuántos elijan lo que nosotros escogimos o vivan como vivimos.

Ciento cincuenta años atrás, un hombre que conocía la fortaleza de elegir lo correcto por sobre lo popular escribió palabras que siempre han adornado las paredes de mi vida. Dijo él que las personas sinceramente convencidas de una gran verdad no deberían “esperar hasta tener mayoría de uno para aceptar el derecho de que esta prevalezca por sus propios medios. Creo que es suficiente que tengan a Dios de su lado, sin esperar a nadie más. En efecto, todo hombre más justo que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno”.*
Como adventistas, en rápido crecimiento como movimiento cristiano mundial, aún haríamos bien en escuchar estas palabras. Pocos adventistas tienen el privilegio de vivir donde su fe es tenida en alta estima o celebrada por la mayoría. Muchos creyentes viven la soledad que Moisés experimentó en el desierto o que el apóstol Juan conoció en Patmos.

Para ellos –para usted, si también es uno de ellos– destaco la consolación que proviene de ser fiel a la Palabra de Dios y a la conducción del Espíritu: “Es suficiente si tienen a Dios de su lado”.

Sí, mi querido amigo, con eso es suficiente.


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Bill Knott. Editor de la Adventist Review y de la Adventist World. Antes de llegar a la AR, Bill trabajó durante 18 años como pastor en congregaciones que tenían de 7 a 2.000 miembros en Nueva Inglaterra, Nueva York, Michigan y el Estado de Washington. Posee una maestría en Divinidad de la Universidad Andrews (Michigan) y poco tiempo atrás defendió su tesis doctoral en Historia en la Universidad George Washington. Bill es maestro de Escuela Sabática en su congregación de Spencerville, Maryland, y un orador frecuente en retiros, campamentos, seminarios de homilética y encuentros de jóvenes. Le gusta jugar al ráquetbol y al tenis, además de leer y viajar. Junto con su esposa Debby, nutricionista y empresaria, tienen dos hijos llamados Evan y Brady.
*Henry David Thoreau, Desobediencia civil
Fotografía: montaje Menesez Filipov

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