miércoles, 8 de julio de 2009

Ex lider de la iglesia adventista es investido caballero por la reina Elizabeth II

Sir Patrick Allen recibe la Orden de St. Michael y St. George.
El primer pastor adventista con el cargo de gobernador general de Jamaica es ahora Caballero de la Orden de St. Michael y St. George. La reina Elizabeth II nombró caballero a Sir Patrick Allen, ex presidente de la Iglesia Adventista en la región de las Indias Occidentales, en una ceremonia llevada a cabo el pasado 12 de junio en el Palacio de Buckingham.

Esta orden "se otorga a hombres y mujeres de elevado oficio, o que brindan importantes o extraordinarios servicios no militares en un país extranjero", según el sitio web oficial de la monarquía británica.

Allen se convirtió en el sexto gobernador general de Jamaica el pasado 26 de febrero, poco después de renunciar a su cargo de presidente de la Iglesia Adventista en la región.

Allen dijo que aunque extraña las tareas eclesiásticas, estaba "seguro y confiado que eso es lo que el Señor quiere que haga".

"Aunque extraño mucho mis tareas anteriores, soy consciente de que mi servicio posee un alcance más amplio", dijo.

Allen fue elegido presidente de la región de las Indias Occidentales en 2000, aunque comenzó a trabajar para la iglesia en 1981, después de una década de trabajar para el gobierno de Jamaica.

Fuente: ANN / Adventist News Network
Fotografia: Getty Images

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sábado, 27 de junio de 2009

Jean Paulsen insta a los adventistas a reafirmar la Creación

En respuesta a continuos debates en la iglesia, el presidente de la Iglesia Adventista instó a los adventistas a buscar en las Escrituras la validez de su fe en relación con los orígenes.

En una declaración dada a conocer en el día de la fecha, el pastor Jan Paulsen apeló a los administradores, ministros, docentes y escritores para que articulen y reflejen la posición de la iglesia sobre la creación.

"No tenemos que permitir una separación de la Biblia a la hora de definir nuestros valores y expresar lo que sostenemos", dijo Paulsen.

El presidente de la iglesia se refirió a la posición de la iglesia sobre la creación, que fue afirmada por la Junta Directiva de la Asociación General en octubre de 2004. (Una Afirmación de la Creación. Posición oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día)

Paulsen dijo que su llamado conserva el respeto por la integridad y las habilidades profesionales de educadores, ministros y escritores.

Para leer toda declaración de Paulsen, haga un clic aquí

Fuente: ANN / Adventist News Network

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sábado, 13 de junio de 2009

Nuestra afición al Chisme. Por Herold Weiss

Como dijera el mes pasado, desde 1973 he gozado de la confraternidad de hermanos que comparten mi cultura en la Iglesia Hispana de Berrien Springs. Esta iglesia es singular pues ofrece un rincón hispano a los muchos estudiantes que llegan a Andrews University desde la América latina. Además, hace evangelización entre los muchos trabajadores humildes que emigran buscando un futuro económico más prometedor del que tenían en sus países de origen. Así es que esta iglesia cuenta con miembros que se distinguen por su gran variedad educacional y económica y esto le da un carácter muy especial.

Hay algo en la cultura hispana que hace que intermitentemente me sienta incómodo en mi iglesia. Esta característica, por supuesto, ha sido parte integrante de la iglesia desde que se organizó puesto que es imposible escapar la cultura a que se pertenece. Hay quienes pretenden que la iglesia debe existir “aparte del mundo”, pero tal objetivo es una quimera. La iglesia, pienso, debiera ser un agente transformador de la cultura, la levadura que hace que la harina se transforme en masa de pan. Para ello, por supuesto, hay que identificar y fundir los elementos de la cultura reinante que deben ser transformados. Dentro de la cultura hispana, y por lo tanto dentro del adventismo hispano (aunque no en exclusividad), el elemento cultural que debilita y entorpece la confraternidad dentro de la iglesia es el apego que el hispano le tiene a los chismes.

Esto se extiende a que queremos estar enterados de la vida del vecino y tan pronto como tenemos un indicio de algo en la vida privada de otro nos convertimos en portavoces para que todos nuestros conocidos estén al tanto de la noticia. Como resultado los chismes circulan sin barreras y todos los miembros están al día acerca de “lo interesante” en la vida de los demás. La conciencia de que nuestras acciones van a ser interpretadas y divulgadas por la chismografía imperante se convierte entonces en un control muy efectivo de nuestra conducta. El “¿qué dirán?” es una pregunta constante.

Esta sed por saber lo que pasa en la vida de otros forma parte de un complejo de actitudes de las sociedades tradicionales. En su libro “El mito del perpetuo retorno”, Mircea Eliade distingue dos tipos de sociedades: la tradicional y la histórica. La sociedad tradicional se caracteriza por verse a si misma dentro de un universo regulado por los ciclos de la naturaleza. Cada año comienza un nuevo ciclo en el cual se han de repetir los eventos que los dioses ejecutaron al establecer lo que es. La vida humana consiste en actualizar en la tierra lo que los dioses hicieron “en el principio”. Participando en las acciones que los dioses ejecutaron se les obedece y se les sirve. En estas sociedades, los individuos tienen su identidad en la tribu y lo que le pasa a un miembro de la tribu afecta a todos. La privacidad no es un valor reconocido y digno de ser defendido. Por lo tanto la vida de los demás es, en realidad, parte de mi vida. Comentar, evaluar y tratar de controlar la vida del vecino demuestra que soy miembros del grupo.

Ya por muchos siglos, se han realizado esfuerzos por romper los lazos de la sociedad tradicional para poder vivir como seres libres, capaces de hacer lo que nunca se había hecho antes, o sea, capaces de vivir haciendo historia. La sociedad histórica se caracteriza por el individualismo. Cada ser humano establece su identidad por lo que hace independientemente, en pleno uso de su libertad. Cada individuo tiene derecho a vivir como mejor le parece, y nadie tiene derecho a determinar su futuro. La construcción de sociedades históricas es un proyecto que no se acaba de realizar puesto que las tendencias tradicionalistas son muy difíciles de romper. Eliade mismo pareciera tener dudas de que el proyecto humano de vivir como seres históricos pueda algún día realizarse.

Hago uso de la tipología de Eliade para iluminar el problema de los chismes en mi cultura. Sin duda la cultura hispanoamericana esta más arraigada en lo que Eliade caracteriza como la sociedad tradicional. Por otro lado, la cultura norteamericana pareciera estar más avanzada en el camino hacia una sociedad histórica. Esto hace que los chismes, que también se dan entre los anglosajones de este país, sean menos comunes debido a su identidad individualista.

Entre los latinos, con nuestra identidad tribal, el estar metido en la vida de los demás parece normal. Sin duda que identificarnos con nuestros semejantes y ser parte de sus vidas tiene sus ventajas. Tener una red de amistades firme y duradera hace que la vida sea más llevadera. Sentirse protegido por el cariño y el interés de otros le da seguridad al diario vivir. Poder contar con el apoyo moral, psicológico y financiero de quienes son parte de nuestra vida hace que el futuro luzca menos amenazador.

Por otro lado, cuando todos nuestros parientes y todos los amigos de nuestros parientes, y los amigos de los amigos de nuestros parientes se sienten autorizados a juzgar nuestras acciones y esperan que se acepte como demanda sus deseos para nuestras vidas, nuestro vivir se ve restringido por voluntades que no son la nuestra, y se convierte en el entretenimiento popular.

Si bien es imprescindible vivir concientes de que hemos de ser juzgados por Dios, y que Su voluntad debe ser el objeto de nuestra diaria preocupación, tal reconocimiento no tiene nada que ver con el juicio de nuestras vidas en los chismes de la comunidad. Siendo que chismear no tiene limites y la adhesión a la verdad no es una de sus características, pasar información acerca de fulano raramente sirve un propósito saludable. Mas bien su propósito es titilar la imaginación y demostrar ante otros que estuvimos enterados antes que ellos. En la carrera de los chismes ganar es ser el primero en enterarse.

Lamentablemente, las iglesias hispanas pueden fácilmente convertirse en redes de chismes que destruyen la imagen de todo aquel que llega a ser el protagonista de uno. Lo más indeseable de esta situación es que los participantes en la divulgación de chismes en el seno de las iglesias se sienten perfectamente satisfechos de ser sus agentes pues ello demuestra que son miembros comprometidos de la familia eclesial. Difundir chismes no despierta en lo más mínimo la consciencia. Antes bien confirma nuestro bienestar como miembros de la tribu. Por supuesto, lo que sucede en las iglesias hispanas en los Estados Unidos es la continuación de lo que sucede en las iglesias de nuestros países de origen.

Es necesario, por otro lado, ponerse en la situación del protagonista en el chisme. Puede que el chisme sea inofensivo. Se trata de una bagatela. Puede que el chisme sea cruel, deshumanizador. El que se descubre como el protagonista en tal chisme se siente enjaulado y torturado, talvez injustamente. Las jaulas son prisiones que quitan el honor, pero, a diferencia de las prisiones, también son salas de exhibición para deleite de los espectadores. Todo ser enjaulado desea escaparse de sus carceleros y verdugos. En algunos casos es posible mudarse a otra ciudad. En los Estados Unidos es posible cambiar la membresía a una iglesia de cultura norteamericana, donde el individualismo da mas libertad de acción y la gente es menos propensa a meterse en la vida ajena. En muchos casos, sin embargo, el enjaulado decide librarse de sus carceleros y verdugos, saliéndose de la iglesia adventista. Así es como la iglesia pierde un sinnúmero de miembros debido a lo que en realidad no es solamente una característica cultural sino también una grave ofensa al mandato de Jesús: “Ama a tu prójimo”.

Si las iglesias hispanas han de ser instrumentos transformadores de la cultura, sus líderes deben usar su imaginación para introducir en ellas maneras de combatir nuestra afición a chismear. Una de las maneras sería conseguir que los miembros reaccionen negativamente cuando se les está contando un chisme, concientes de los resultados que los chismes pueden producir. Si suficientes miembros de la hermandad estuvieran dispuestos a hacerle ver al trasmisor de chismes que no quieren ser receptores de los tales tal vez se le pudiera poner fin a esta mala costumbre. Es necesario que el que difunde chismes en nuestras iglesias sea abochornado. Me temo que en la realidad tal nunca será el caso porque el que trate de abochornar al chismoso sabe que si lo hace él será el protagonista del nuevo chisme.


Fuente: Adventist Forums / Café Hispano
Autor: Herold Weiss, Southern Missionary College; M.A., B.D., Andrews University; Ph.D. Actualmente es profesor emérito de Saint Mary's College, Notre Dame, Indiana. Por veinte años, fue profesor afiliado del Nuevo Testamento en el Northern Seminary, Chicago. Es el autor de "A Day of Gladness: The Sabbath Among Jews and Christians in Antiquity" (Un día de alegría: El Sábado Entre Judios y los cristianos en la Antigüedad).

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martes, 26 de mayo de 2009

5 lecciones que aprendí. Por Jan Paulsen

Hablar de “lo que aprendí” no es una ciencia exacta; siempre existe el peligro del autoengaño. No se puede probar que aprendimos algo con tan solo mencionarlo; por el contrario, es algo que tiene que probarse en momentos de decisión o crisis.

Al reflexionar en mis cincuenta años de ministerio y administración eclesiástica y, en particular, en estos diez años como presidente de la Asociación General, veo varias lecciones recurrentes que con paciencia y persistencia, Dios ha procurado enseñarme en su curso de relaciones humanas. Como estudiante, no siempre he sido rápido para aprender, pero en años recientes varias lecciones han quedado plasmadas en mi mente. Son enseñanzas que no se aprenden en un escritorio o que figuran en un libro, sino que resultan de la vida diaria. Son lecciones que aprendí al adorar a Dios junto a personas cuyo idioma, costumbres y experiencias me resultaban extrañas; al relacionarme con colegas y al enfrentar juntos decisiones difíciles y opiniones conflictivas; al hablar con jóvenes, con ancianos y con personas que piensan que mis gustos y perspectivas son tan incomprensibles como las de ellos para mí y, sin embargo, dicen ser mis hermanos y hermanas en Cristo.

Es una lista incompleta; el proceso de aprendizaje nunca termina. Es también una lista que tiene presuposiciones básicas, tales como la necesidad de que la Palabra y voluntad de Dios sean el centro de la vida, además de la entrega diaria a su conducción y la búsqueda del perdón. Estas son lecciones que él me sigue enseñando. Y es con este trasfondo que me permito señalar las siguientes cinco.

1 Lo más importante son las personas.

Puede resultar fácil como iglesia, en especial para los que ejercen el liderazgo, olvidarse de las personas. En las comisiones se suelen discutir valores, declaraciones oficiales, objetivos, proyecciones, reglamentos y planes. En algún momento, todo esto queda separado de la experiencia humana del individuo. Comenzamos a ver un valor intrínseco en las cosas, en lugar de ver que tienen valor siempre y cuando cumplan el propósito divino de alimentar al pueblo de Dios.

En la esfera humana, Dios no hace otra cosa que acercarse a las personas, para atraerlas hacia sí por medio de su amor irreprensible y guiarlas hacia la eternidad. Las personas son lo más importante para Dios. Es por ello que Cristo vino a la tierra. Esta simple verdad tiene consecuencias inimaginables en nuestro diario vivir y en nuestra relación con los demás. En toda clase de relación, el valor del otro supera lo que podemos comprender. Por ello, dentro de la iglesia nuestra pregunta constante debería ser: “¿Cómo afecta esto a las personas?” No es la lógica humana, sino más bien el ilógico amor divino por sus seres creados, lo que tiene que ser el centro de todo cuanto somos y hacemos. Sí, a veces me equivoco; la iglesia como cuerpo a veces también lo hace. Pero es una lección importante que no me abandona.

2 Es imprescindible mirar hacia afuera.

La iglesia está para hacer misión. Sobre esta simple declaración se balancea nuestra identidad, propósito y razón de ser.

He aprendido que este principio conlleva implicaciones sumamente prácticas. ¿Qué prioridades de gastos debería tener la iglesia en momentos difíciles? ¿Cómo estructurar nuestras instituciones o nuestra administración? ¿Cómo debería funcionar la iglesia en una región determinada? Casi todas las preguntas importantes se reducen a esta consideración: ¿Qué es lo mejor para la misión de la iglesia?

Este principio también está relacionado con la utilización de nuestros recursos humanos. Repito algo que ya he dicho: Creo que nuestra capacidad de participar en la misión se ha visto perjudicada a lo largo de los años, por nuestro fracaso en asignar funciones significativas a las mujeres en el ministerio y el liderazgo, y en atraer más jóvenes y profesionales menores de 35 años a los procesos de toma de decisión de la iglesia.

Nuestro enfoque primordial también requiere que sepamos cuál es nuestro principal objetivo. ¿Necesitamos un reavivamiento en la iglesia? ¡Por supuesto! Pero para mí, mirar hacia adentro solo debería ser parte de una forma de volvernos más efectivos hacia afuera. Cuando nos preocupamos constantemente de tan solo “tomar la temperatura” de la iglesia a expensas de nuestra misión, la iglesia se convierte en una comunidad introspectiva, aislada e ineficaz.
Una mirada continua hacia adentro puede resultar desa-lentadora. Si somos honestos, veremos cuantiosas fallas en la iglesia. ¿Debería ser entonces nuestra tarea básica repararlas? ¡No! Hasta que “esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (1 Cor. 15:54), tengo que convivir con mis fallas y las de los demás. Pero también he aprendido que, a pesar de ello, Dios perdona, sana y restaura. Él toma al quebrantado, al frágil y al que tropieza, y lo capacita y motiva para cumplir con la misión.

3 Las consultas triunfan sobre la tiranía.

Muchos años atrás, un importante administrador de la iglesia me dijo: “Recuerde que usted está a cargo solo si no tiene necesidad de probarlo”. He aprendido que esto es cierto. En el liderazgo de la iglesia no hay lugar para tratar de “probar” la autoridad propia; en el mejor de los casos, se torna un ejercicio frenético y defensivo de autoafirmación; en el peor, se vuelve dominador y dictatorial.

La iglesia no funciona según el modelo presidencial, por más que sea necesario tomar algunas decisiones ejecutivas y alguien tenga que asumir en último término ciertas responsabilidades. Sin embargo, en todos los niveles de liderazgo, tomar decisiones implica realizar consultas, analizar los temas y llegar a un consenso. He aprendido que las mejores y más seguras decisiones que pueden hacerse como líder espiritual surgen de un foro de consultas donde sea posible intercambiar ideas con franqueza; donde uno no se sienta amenazado por los que piensan diferente; donde no haya “tabúes” respecto de ciertas opiniones y donde uno esté dispuesto a decir: “Tal vez me equivoqué en esto”, o “Entiendo lo que usted dice, pero no estoy de acuerdo”.

4 No seamos tan serios.

He aprendido que de por sí, la solemnidad no tiene virtud alguna. Puede ser muy saludable para la iglesia desarrollar la capacidad de ver el lado irónico, sorprendente o definidamente humorístico de una determinada situación. Nuestra obra es seria. Pero suceden cosas risueñas. Y al compartir la risa compartimos también nuestra humanidad. Sin llegar a ser frívolos o irreverentes, los momentos de humor pueden ayudar a aliviar situaciones de gran tensión o brindar nueva apertura a las relaciones crispadas. Pueden ser un antídoto efectivo para el engreimiento o la circunspección espiritual. Y vez tras vez he visto que damos lo mejor cuando nos sentimos cómodos con nosotros y con los demás. Sin por ello ignorar la importancia de nuestra obra, disfrutar de un momento de humor que reconozca el elemento humano de lo que hacemos, puede ayudarnos a atravesar un momento difícil. Y creo también que Dios se ríe con nosotros.

5 Dios suple lo que falta.

He aprendido que más allá de mis fallas y errores, el Señor seguirá caminando a mi lado para renovarme y capacitarme a fin de que cumpla su propósito. Este no es mi derecho exclusivo. Creo que Dios nos toma a cada uno de la mano y dice: “Te doy una misión especial; yo estaré contigo y supliré lo que falte para que la misión sea cumplida”.

Esto es algo que percibo de manera especial cuando visito feligreses de diversas partes del mundo. Muchas veces, alguien a quien jamás he visto me dice: “Pastor, quiero que sepa que oro por usted. Cada día lo menciono por nombre ante Dios”. Nadie tiene idea de cuánto significa esto para mí, porque siento que el Señor oye sus oraciones y que por amor a su iglesia me capacita, no por lo que soy sino por lo que él desea que haga.

He sentido también que la mano de Dios me ha ayudado a tener una visión más equilibrada de la teología, que la que tenía de joven. Veo ahora dimensiones que en lugar de dispersar a la grey ayudan a conservar la unión de la iglesia; por ello, como teólogo soy más “generoso” ahora que hace veinticinco años. Como docente de teología, me limitaba a operar según el libro de texto. Hoy me aferro firmemente a la teología pero la relaciono con la iglesia como una comunidad religiosa viviente, orgánica, en crecimiento y mundial, como ese pueblo que Dios anhela que permanezca unido.

Veo que así como el Señor ha procurado enseñarme el inmenso valor que él da a los individuos, mi enfoque teológico tiene que esforzarse por atraer a las personas en lugar de expulsarlas. Es verdad que existen posiciones que representan una negación de nuestra identidad y de las Escrituras y con las cuales no podemos reconciliarnos ni transigir. Pero he aprendido que a veces no todos vemos las cosas de la misma manera y aun así seguimos unidos y tenemos el mismo destino.

¿Cómo se produjo este cambio? Una vez más, creo que fue una carencia suplida por el Señor; fue una necesidad satisfecha para cumplir sus propósitos. Y si lo hizo por mí, sé que también lo hace por otros.
Es bueno que cada uno de nosotros mire hacia atrás y reflexione en lo que el Señor nos enseña a lo largo del camino. Al hacerlo, creo que podremos divisar su mano que obra en nuestras vidas y corazones. Porque todos juntos somos estudiantes “en la escuela de Cristo, siempre aprendiendo más del cielo, más de la Palabra y la voluntad de Dios; más de la verdad y de cómo usar fielmente el conocimiento […] obtenido”.*


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Jan Paulsen es presidente de la Iglesia Adventista mundial.
Referencia: *Elena G. de White, Hijos e hijas de Dios (1978), p. 74.

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viernes, 8 de mayo de 2009

Una iglesia adventista dinámica en tiempos difíciles

Cuando se conocieron las noticias de la crisis económica mundial, más de trescientos miembros de la Junta Directiva de la Iglesia Adventista se hallaban reunidos en Manila, Filipinas, para analizar temas claves de la administración eclesiástica. Jan Paulsen, presidente de la Asociación General, conversó luego del encuentro con Bill Knott, editor de Adventist World, sobre algunas de las decisiones de largo alcance que se tomaron en el Concilio Anual 2008.

Bill Knott: ¿Cómo le explicaría a un miembro de iglesia común y corriente qué beneficios recibe la iglesia al llevar a cabo encuentros tales como el Concilio Anual 2008 fuera de Norteamérica? ¿Qué gana la iglesia con esto?

Jan Paulsen: Mientras estamos en Manila, el mundo está experimentando lo que ha sido denominado un “derrumbe económico”. Esto afecta a los individuos, las organizaciones y los gobiernos. Y por supuesto, también afecta a la iglesia. Debido a ello, uno podría preguntarse: ¿Por qué realizar el Concilio Anual fuera de Norteamérica, con el esfuerzo y los gastos adicionales que ello implica?

Creo que este es el costo de mantener unida a la familia. Alrededor del 94 por ciento de la feligresía mundial vive fuera de Norteamérica. Es por ello que resulta de suma importancia que cuando los líderes se reúnen en concilio, la feligresía sienta que es parte de lo que está pasando, que es parte del proceso.

En las Filipinas tenemos unos setecientos mil miembros y tenemos universidades, hospitales y otras instituciones. El gobierno y los medios conocen bien a la iglesia, tanto por número como por nombre. Unas catorce mil personas asistieron al programa sabático en Manila y hubo un maravilloso sentido de comunión y un gran espíritu de celebración.

Creo que es bueno que los líderes de la iglesia mundial enfaticen el carácter global de la familia de la iglesia al llevar a cabo eventos como este. En el pasado, se han realizado otros encuentros similares en Sudamérica, Centroamérica, Australia, Europa y África. De manera que era lo correcto que esta vez nos reuniéramos en Asia.

O sea, ¿significa esto que a veces uno tiene que trasladarse para que los miembros sientan que la iglesia no se interesa solamente por lo que sucede en Norteamérica?

Sí, por supuesto. La presencia física hace la diferencia. Los miembros ven que vinimos y, por así decirlo, “izamos la bandera”. Para la Iglesia Adventista de las Filipinas resultó significativo; 
los feligreses se sintieron orgullosos de la iglesia. Pudieron celebrar su fortaleza y sentirse animados y motivados por ello.

Usted se refirió antes a las noticias de la crisis económica mundial, que coincidieron con el Concilio Anual en Manila. ¿Hasta qué punto afectó esta crisis el curso de las reuniones? ¿Qué impacto tendrá en la iglesia en las próximas semanas y meses?

No existen predicciones absolutas para semejante descalabro financiero. En el mundo, nadie tiene la capacidad de saber qué va a pasar con los mercados en los próximos días o meses. Los que trabajamos en la administración de la iglesia debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo al respecto? ¿Qué presupuesto estamos votando? Nuestros presupuestos se basan en la fe, es decir, en la fidelidad en diezmos y ofrendas de los miembros para el año siguiente; no sobre la base de lo que ya tenemos en el banco.

En los últimos años hemos recibido bendiciones maravillosas, y esto nos ha ayudado a planificar. Pero las incertidumbres de los mercados financieros no tienen parangón en la historia reciente. ¿Tenemos entonces que seguir como si nada hubiera sucedido? Por supuesto que no. Cuando presentamos el presupuesto al Concilio Anual, propusimos que el Consejo Administrativo de la Asociación General conserve la capacidad de realizar ajustes intermedios al presupuesto, de manera de tener la flexibilidad de responder y adaptar nuestras finanzas a la cambiante situación económica mundial.

¿De qué manera se verán afectadas las operaciones de la iglesia durante el año fiscal 2009?

Los feligreses necesitan saber que avanzaremos con cuidado y prudencia hasta tener una visión más clara de la situación económica. Es importante que también sepan que estas circunstancias afectarán los fondos destinados a las operaciones de la sede central. Vamos a posponer el reemplazo de algunas vacantes y trabajar para reducir los gastos en otras áreas.

El objetivo de conservar la flexibilidad financiera a fin de enfrentar la realidad económica actual se relaciona providencialmente con otro tema significativo que fue analizado en el Concilio Anual: la flexibilidad y su relación con la estructura eclesiástica.

Sí, la Comisión de Ministerios, Estructuras y Servicios presentó su informe final, y la Junta Directiva adoptó por unanimidad dos importantes recomendaciones. Lo que la Junta Directiva quiere decir con esto es: Somos una comunidad en crecimiento, dinámica y mundial. Es por ello que a menudo tenemos que preguntarnos: ¿Cuál es la manera más efectiva y responsable de avanzar? Tenemos ciertas formas y estructuras que datan de varias décadas atrás. ¿Representan ellas la manera más eficiente de que la iglesia cumpla su misión? ¿O será que el crecimiento de la iglesia y los cambios en el mundo donde esta opera significan que es necesario racionalizar ciertos procesos?

La comisión ha estado estudiando estos interrogantes durante tres años; sus miembros han procesado una vasta cantidad de información y los aportes de toda la iglesia mundial. En el Concilio Anual 2007 adoptamos la primera parte de las recomendaciones de la comisión al aceptar el principio de “flexibilidad” (que la iglesia local defina, dentro de ciertos límites, las estructuras administrativas que mejor se adaptan a sus necesidades y circunstancias). Dijimos que tenía que existir un elevado nivel de confianza. A veces tenemos que permitir que la iglesia local decida cuál es la mejor manera de perseguir los valores, la identidad y la misión que son comunes a un determinado contexto particular.

En este Concilio Anual, la comisión recomendó que analicemos cuál es el mejor método para definir y llenar las vacantes de los departamentos de la Asociación General. La comisión está diciendo: Extendamos este principio de flexibilidad y confianza, de manera que la Junta Directiva, en el Concilio Anual, pueda responder de manera dinámica a las realidades actuales, revisar las necesidades y responder con presteza a los desafíos si así fuera necesario.

Por ello, en el Congreso de Asociación General en 2010 pediremos que se considere la recomendación de otorgar a la Junta Directiva mayores responsabilidades. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué es lo mejor para la iglesia? ¿Cuál es el curso de acción más prudente y efectivo? ¿Deberíamos continuar haciendo las cosas de la misma forma, solo porque siempre se han hecho de esa manera?

Es importante que recordemos que al proponer que se deleguen algunas responsabilidades al Concilio Anual, no nos estamos refiriendo a un grupo pequeño o falto de representación.
Por cierto, no es un grupo insignificante.

¡No, no! Es un grupo de más de trescientos líderes, pastores y laicos en representación de toda la iglesia mundial que se reúnen cada año. Es un organismo único. En números absolutos son menos que en un congreso mundial, pero no por ello son menos representativos.

A menudo hemos dicho que cuando la iglesia se reúne en el Congreso de la Asociación General, Dios está presente de manera particular, guiando a su iglesia. Pero creo que sucede lo mismo cuando los delegados al congreso deciden devolver parte de sus responsabilidades.

La bendición de Dios –la presencia entre su pueblo– no termina cuando termina el congreso.

Así es. La comisión hizo una segunda importante recomendación que fue adoptada por el Concilio Anual, a saber, que la elección de los directores asociados de los departamentos y ministerios de la Asociación General se realice en el primer Concilio Anual posterior al congreso mundial.

¿Cuál es la razón de este cambio? Como presidente, he estado en la junta de nombramientos del congreso mundial de la Asociación General dos veces; sé que suceden demasiadas cosas en pocas horas. En algunos casos, quizá, no se pueden hacer las cosas bien. Pero si se adoptan las recomendaciones de la comisión, en el futuro se podrá dedicar más tiempo a analizar de manera deliberada la selección de personas que ocuparán los principales puestos administrativos, y los que liderarán esos departamentos.

En segundo lugar, esto permitirá que los directores elegidos en el 
congreso tengan dos o tres meses 
para analizar, en consulta con el presidente y la administración, cómo completar la nómina de sus departamentos. También expresé públicamente en Manila que la junta de nombramientos del Concilio Anual, que tendrá la tarea de realizar las nominaciones para los puestos departamentales, tiene que estar compuesta de manera de reflejar adecuadamente la iglesia mundial; tiene que representar apropiadamente a los laicos y los pastores de iglesia.
Al mirar a los delegados al Concilio Anual, tengo la impresión de que representa admirablemente la 
diversidad racial y étnica de la iglesia mundial. Pero las estadísticas dicen que del 65 al 70 por ciento de la feligresía mundial está compuesta por mujeres, aunque las delegadas solo representan el diez por ciento de los asistentes. ¿Qué puede decir al respecto?

Históricamente este ha sido un 
proceso muy lento. Como en congresos anteriores se decidió no ordenar a las damas al ministerio, las mujeres no han tenido el mismo acceso a los puestos de liderazgo. Ha sido más difícil hallar damas con el trasfondo y la experiencia para que participen plenamente en el proceso del Concilio Anual. Pero no hay duda que se están haciendo esfuerzos deliberados para corregir esto. Tenemos que elegir más mujeres para formar parte de la Junta Directiva de la Asociación General. También tenemos que incluir más profesionales laicos menores de 35 años –no porque tengan que ocuparse del liderazgo de la iglesia– sino porque tienen habilidades y competencias que realmente son muy útiles para cumplir nuestra tarea. También necesitamos garantizar que puedan colaborar durante un período considerable de tiempo (quizá, inclusive, hasta por diez años) de manera que puedan ser productivos contribuyentes de la Junta Directiva.

Me parece que este modelo representa un enfoque mucho más responsable de la planificación, y se presta para que se reúna el mejor y más representativo equipo de hombres y mujeres para colaborar con los departamentos.
A partir de estas recomendaciones, ¿cuáles serán los próximos pasos?
Serán analizadas por los delegados 
al Congreso de Asociación General 2010 en Atlanta, donde estoy seguro que generarán más discusiones, tal como debe ser. A lo largo de todo 
este proceso, hemos querido expresar que no tenemos que aprisionar a la iglesia dentro de formas o estructuras rígidas que no pueden ser cambiadas y que se han vuelto “sagradas” solo porque “siempre se ha hecho así”. 
No olvidemos el cuadro completo. Pensemos en las necesidades y exigencias de una iglesia cada vez más grande y en nuestra obligación de buscar constantemente maneras de realizar la obra de manera más eficiente y que en todo lo que hagamos, sigamos concentrados en los valores supremos de la misión y la unidad, para entonces avanzar con confianza donde el Señor nos guíe.

Fuente: Adventist World

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viernes, 1 de mayo de 2009

Adventista es designado enlace religioso del gobierno de Obama

Un adventista ayudará al gobierno de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, a canalizar las preocupaciones de las comunidades religiosas en la tarea de tomar decisiones reglamentarias, anunció hace poco la Casa Blanca.

El gobierno de Obama designó a Darron Paul Monteiro, ex asesor del senador Obama, como enlace religioso de la Secretaría de Enlaces Públicos (Office of Public Liaison).

"El presidente está decidido a incluir los puntos de vista de las comunidades religiosas en las discusiones reglamentarias, que van desde la atención de la salud a la reforma educativa, la inmigración y la investigación científica, y no limitarse a involucrarlos después que ya se hayan tomado decisiones", dijo Monteiro.

"Es un privilegio ser parte de ese esfuerzo de traer más personas a la mesa de discusión", dijo.

Monteiro, un graduado 2007 de la Escuela de Leyes de la Universidad Howard, en Washington D.C., ayudó a coordinar las tareas con las comunidades religiosas de Illinois mientras trabajaba en la capital de la nación para el entonces senador Obama. A comienzos de 2007, Monteiro se unió al personal del senador en Chicago para ayudar en la campaña presidencial de su jefe, y más tarde ayudó a organizar el culto nacional de oración inaugural.

En su nuevo puesto, Monteiro coordinará eventos y encuentros con los representantes de diversas organizaciones y denominaciones religiosas, cuyas preocupaciones derivará a la secretaría o agencia apropiada.

"Nos llamamos a nosotros mismos la puerta de entrada de la Casa Blanca", dijo.

La participación de organizaciones comunitarias y sin fines de lucro, sean estas seculares o religiosas, que estén interesadas en las decisiones reglamentarias constituye una prioridad del gobierno de Obama, dijo Joshua DuBois, director de la Secretaría de Asociaciones Vecinales y Religiosas de la Casa Blanca. "El presidente Obama reconoce que el gobierno por sí solo no puede producir los cambios que el país necesita", dijo DuBois. "Monteiro está comprometido para lograr ese objetivo".

Parte de la función es la de "reflejar el amor y el respeto" que los cristianos tienen que mostrar hacia todos con los que se relacionen, dijo Monteiro, que hace poco se unió a la Iglesia Adventista después de tomar estudios bíblicos con un amigo. Monteiro creció en College Park, Maryland, cerca de una comunidad mayormente adventista donde escuchó hablar por primera vez de las creencias y valores de la denominación.

Monteiro también es el enlace joven de la Secretaría de Enlaces Públicos.


Fuente: ANN / Adventist News Network

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viernes, 17 de abril de 2009

Eliminemos la Hiper Ortodoxia. Por Charles Scriven

“Cuando me bauticé, tuve que prometer que no usaría plumas.” Mi amigo James Reece me dijo esto hace algunos meses, cuando asistíamos a un retiro, y me quedé con la boca abierta. Días después me mandó una copia de su certificado bautismal, y pude ver –no estoy bromeando– que la pregunta número nueve decía: “¿Está dispuesto a seguir la regla bíblica de vestirse modestamente, y abstenerse de usar plumas?” ¡Increíble!

Reece, quien se acordaba perfectamente de esta pregunta, fue bautizado el 19 de diciembre 1936. Me di cuenta de que las “plumas”, en aquellos tiempos, eran partes ostentosas de los sombreros (y quien sabe de qué más). Me imagino que más de alguien habrá luchado durante años por conservar esa prohibición acerca de las plumas en la lista de “adornos” ostentosos, pero finalmente las plumas fueron sacadas de la lista. Si se pusieran de moda otra vez, me imagino que nadie en las juntas de la Iglesia Adventista objetaría de nuevo a las plumas.

No sólo las “normas” de la iglesia terminan siendo diferentes con el paso de las décadas; las doctrinas también se desarrollan y cambian. Muchos adventistas estarían sorprendidos al saber que los pioneros una vez pensaron que la “puerta” de la salvación estaba “cerrada” para cualquiera que no aceptara la doctrina Millerita de que Jesús regresaría en 1844. Estarían igualmente sorprendidos de que la Trinidad ni siquiera fue mencionada en las primeras declaraciones de sus Creencias Fundamentales, y de que por décadas, los líderes de la iglesia no creían necesario mandar misioneros a otras partes del mundo.

Cuando Elena de White murió en 1915, ciertos miembros de la iglesia, como Bull y Lockhart, dijeron que la iglesia había perdido su “principal medio para autorizar alguna innovación”. 1 La Sra. White apoyó la constante lucha para lograr una mejor comprensión, y mientras ella estaba viva, las conversaciones eran fluidas. Más tarde, los que quedaron se dedicaron más a conservar la visión que tenían, en vez de procurar una visión que fuera mejor y más fiel. Repentinamente, ciertas voces adventistas tomaron partido por una ética de hiper ortodoxia, que llegó como una mala gripe y detuvo toda innovación.

Los mismos escritores dicen que en los años 1960 se abrió una puerta a nuevos pensamientos e ideas. Pero en los años 80, muchos líderes Adventistas querían cerrar esa puerta nuevamente, y esto se simbolizó por medio de una declaración de 27 “Creencias Fundamentales.” Siempre he pensado que el preámbulo de ese documento es un saludable reconocimiento de que Dios quiere mantener un diálogo, y que Bull y Lockhart pasaron por alto eso. Pero tengo que admitir que muchas veces el preámbulo es ignorado. (En 1988 la Conferencia y Asociación General Ministerial, publicó un libro en el cual se exponían las Creencias Fundamentales y se dejó fuera el preambulo2).

Alguna vez sentí que esa puerta se cerraba. Al principio de los años 1990, un artículo que yo escribí acerca del significado de la muerte de Cristo, hizo que se cuestionara una palabra de entre las 120 que forman la Creencia número 9. La palabra en la cual me enfoqué ni siquiera aparece en la Escritura, pero la idea ha sido dada por sentada. Estaba mostrando un nuevo punto de vista.

Robert Folkenberg, en aquel entonces presidente de la Conferencia General, creyó que mis esfuerzos eran equivocados, y comisionó a dos de sus colegas, Calvin Rock y Humberto Rasi, para que me lo hicieran saber. Ambos hablaron conmigo, y los dos fueron corteses e insistentes. Yo necesitaba, de alguna manera, dar a conocer públicamente un cambio en la manera de pensar.

Rasi transcribió la conversación que tuvimos, y al día siguiente me dio una copia, que todavía tengo. Ya que yo no cambiaría mi modo de pensar, él estaba pidiendo que “el cuerpo de acreditación denominacional” mandara una advertencia, o un posible “estado probatorio” a la escuela que yo estaba dirigiendo.

Al final, gracias a los esfuerzos generosos de mi jefe Ralph Martin, esta amenaza no prosiguió de parte de sus autores. No pasó nada sísmico, y cualquiera hayan sido los efectos, todavía sigo siendo empleado de la denominación –y sigo teniendo una gran pasión por el Adventismo.

Pero, ¿por qué no poner una estructura defensiva alrededor de la doctrina? ¿Por qué no rechazar los desafíos? ¿Por qué no apagar todo intento de innovación?

Por un lado, el hacer esto sería burlar al Espíritu Santo. Cuando Jesús prometió a sus seguidores que seguiría con ellos por medio del Espíritu, dijo: “Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir” (Juan 16:12, 13).

Por otro lado, rechazar los desafíos contradice las primeras palabras de la declaración de las Creencias Fundamentales. Estas palabras dan la bienvenida al Espíritu Santo, e imaginan que es posible una “mejor comprensión” y un “mejor lenguaje” que el que tiene el documento mismo. De acuerdo a sus propios métodos, la declaración de Creencias Fundamentales puede ser revisada.

Finalmente, si se pusiera un foso defensivo alrededor de la estructura de la doctrina, se mataría al Adventismo.

Ninguna institución humana prospera bajo una prohibición de innovar. Acabo de leer un libro titulado Better (Mejor) escrito por el autor Gewande, acerca de cómo mejorar la ejecución de un trabajo en la medicina. El autor dice que un requisito para el cuidado efectivo de la salud es el “ingenio,” que él define como “pensar algo nuevo”. Pero eso nunca es fácil. Ni siquiera la “inteligencia superior” es suficiente. El éxito depende del “carácter”. Y ¿qué sucede cuando se tiene el carácter correcto? Que uno está dispuesto a “reconocer los errores”. Uno se rehúsa a “tapar lo malo con papel”. Uno está listo y dispuesto a “cambiar”. 3

Eso es importante para la medicina, y ese también es el espíritu que la Biblia recomienda para los seguidores de Cristo. Por la gracia de Dios uno admite sus errores y trata de crecer. La meta siempre está enfrente de uno. La innovación o cambio –por medio de la fe– es la manera natural de vivir.

Pensar es simple, sin embargo no es fácil. “El mejorar”, como dijo Gewande, “es una labor perpetua”.
Tanto en el pensamiento como en la práctica, uno puede abrazar esta labor de cambio permanente sin necesidad de decir que cualquier cosa está bien. Ninguno de nosotros tiene la última palabra en la ortodoxia, pero la ortodoxia es importante. Mi propia idea es que, al ser Adventista, uno tiene que estar de acuerdo, como mínimo, en algo como esto: En respuesta a la gracia y la paz de Cristo, y en vista de la esperanza de su regreso, prometemos que cambiaremos al mundo mediante la obediencia a los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

Este es solamente un punto de vista. Pero mayores conversaciones acerca de la nueva ortodoxia animarían a la iglesia. La hiper ortodoxia es resistente a la innovación, le teme al Espíritu Santo –tiene la capacidad de matar. En otras palabras, la hiper ortodoxia es el muro de Berlín que está puesto entre el presente y un mejor mañana para el Adventismo. A no ser, por supuesto, que se rompa y caiga.


Fuente: Café hispano / Spectrum magazine
Autor: Charles Scriven es presidente del Kettering College of the Medical Arts (Ohio) y es uno de los directores del Adventist Forum/SPECTRUM.
Traducción: Claudia Argueta
Edición: Enrique Espinosa
Fotografía: Caricatures of Adventists
Referencias: 1. Malcolm Bull y Keith Lockhart, Seeking a Sanctuary: Seventh-day Adventism and the American Dream, 2ª ed. (Bloomington: Indiana University Press, 2007), 105. 2. P. Gerard Damsteegt, autor principal, Seventh-day Adventists Believe…: A Biblical Exposition of 27 Fundamental Doctrines (Washington, D.C.: Ministerial Association, General Conference of Seventh-day Adventists, 1988). En la tercera impresión (si no en la segunda) las palabras del preámbulo fueron restauradas –pero entre las consideraciones introductorias, y no en el lugar de honor que habían tenido, al comienzo de la declaración. En la Web, Damsteegt se identifica a sí mismo como el autor principal; el preámbulo del libro dice que él escribió las versiones iniciales de cada capítulo. Agradezco a Alden Thompson por darme estos detalles. 3. Atul Gewande, Better: A Surgeon’s Notes on Performance (New York: Henry Holt, 2007), 9.

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sábado, 11 de abril de 2009

¿Quién va a re-inventar al adventismo?  Por Charles Scriven

En el adventismo estadounidense abunda la inseguridad. Muchas de sus instituciones están tambaleándose o al borde del precipicio. Un número muy reducido de los miembros que son hijos, nietos o bisnietos de adventistas se sienten fuertemente ligados a la iglesia. Nuevos conversos muchas veces se hacen miembros sin aceptar la cultura adventista, y no la pasan a sus descendientes.

Después de asistir a un animado Seminario sobre Apocalipsis, muchas personas se enamoran del adventismo. Pero, una cosa es enamorarse, otra es mantener un matrimonio. Según la recontra-repetida metáfora, la puerta giratoria sigue girando.

Sólo que gira aún más.

Puede ser que el problema es que la mayoría de los jóvenes viven en el vestíbulo de la iglesia y raras veces entran al santuario. De cualquier modo, todos admiten—inclusive todos los administradores—que en Norte América (y también en viejos centros adventistas en otros continentes) gran parte de lo que hace que nuestra comunidad religiosa sea tan buena y hermosa se encuentra en peligro.
Al menos desde la década de los 70, algunos pocos teólogos adventistas han querido re-inventar el futuro del adventismo. Ellos al mismo tiempo hicieron suya la herencia del movimiento y la cuestionaron. Usando marcos bíblicos trataron de poner la mira del movimiento en objetivos más altos. La mayoría de ellos fueron marginalizados. Si bien algunos son bastante bien conocidos, es rara la vez en que se les invita a participar en las asambleas de las asociaciones, a contribuir en las investigaciones del Instituto de Investigaciones Bíblicas, o a dar conferencias en el Seminario de Berrien Springs, Michigan. Si enseñaban en universidades adventistas se les desconfiaba, y temían, o sufrieron la pérdida de su trabajo.

Ahora más que nunca, sin duda, se necesita una nueva visión del futuro. Muchos de los líderes de la iglesia saben muy bien esto, y se preguntan cómo encender las pasiones de una proporción más amplia de la membresía, especialmente de la juventud.

Pareciera que ha llegado el día para extender una cálida bienvenida a los adventistas visionarios.

A fines del septiembre pasado, en el congreso anual del Adventist Forum en Santa Rosa, California, se entabló una conversación extraordinaria. Fue provocada por la publicación de la segunda edición de Seeking a Sanctuary (Buscando un santuario). Este libro, escrito por el sociólogo Malcolm Bull (profesor en la universidad de Oxford en Inglaterra) y el periodista londinense Keith Lockhart, ofrece un vistazo sumamente provocativo del movimiento adventista.

Según los autores el adventismo es un fenómeno completamente norteamericano, aunque también algo desviado. Los adventistas vivimos a la moda norteamericana, pero tratamos de mantenernos a cierta distancia, apegados a nuestro pequeño “santuario”, o refugio que nos protege del “mundo”.

Su aislamiento de las corrientes culturales norteamericanas, según Bull y Lockhart, explica tanto el marco mental adventista y el crecimiento del adventismo. El crecimiento, dicen ellos, continuará hacia un futuro indefinido tanto en el tercer mundo como entre las nuevas olas de inmigrantes en los Estados Unidos. Pero no ocurrirá entre los norteamericanos de descendencia europea que fueron los fundadores del movimiento. La perspectiva hacia la vida y el espíritu adventista produjeron la medicina adventista y el sistema educativo adventista, especialmente a nivel terciario. Pero estos aspectos del movimiento parecieran empezar a declinar. En realidad, los autores predicen la “des-medicinación” de la iglesia, puesto que Loma Linda University no podrá mantenerse como una institución adventista.

En Santa Rosa participaron unas 160 personas, la mayoría de descendencia europea y de edad avanzada. Gracias a la tropa que presentó la obra Red Books (Libros rojos—el color de las tapas de los libros de la Hna. White en inglés), escrita y ejecutada por estudiantes del Pacific Union College, y también a la presencia de unos pocos adventistas de menos de 40 años, la conversación que tuvo lugar fue decididamente transgeneracional.

El drama representado por los estudiantes explora cómo los adventistas han reaccionado a la nueva información acerca de Elena White. Se presentó el viernes por la noche, y abrió viejas heridas a la vez que ayudó, aunque haya sido sólo en parte, a sanarlas. Como bien se puede imaginar, los autores de Seeking a Sanctuary también hicieron que brotara sangre. Nos dijeron que al fin de cuentas, los adventistas no hemos hecho mayor diferencia, más allá de la diferencia que hemos hecho en nosotros mismos. A excepción de materia de salud y de cuidado médico, hemos sido más o menos irrelevantes a lo que sucede en el mundo.

Si la medicina adventista y la educación terciaria adventista declinan, el espíritu separatista—poco interesado en impactar al mundo—puede solidificarse, o disolverse en lo que está de moda o es fácil. Esto haría al adventismo del futuro, no importa cuán grande sea, aún menos capaz de ser la “levadura” y la “luz” que Jesús deseó que fuera.

Bull y Lockhart y los 160 concurrentes pasaron todo el fin de semana argumentando, ponderando qué se debía hacer, o haciendo ambas cosas.

Ya para el domingo por la mañana, los que estaban más involucrados en la conversación eran los jóvenes de 20 a 40 años. Estaban absortos por el desafío que se les había presentado y no les faltaban ideas o imaginación. Obviamente estaban listos para nuevas iniciativas. Meras palabras, grasa lingüística, no les atraía. Requerían un esquema de acción, una iglesia llena de pasión por transformar al mundo.

Una iglesia que es sólo un refugio puede crecer. Pero no puede infundir en los que educa una visión profética, a diferencia de una sectaria. Quien se anima a ser un Daniel o un Isaias se anima a confraternizar con el mundo, a imaginar su mejoramiento y a resistir su maldad. Desea más que una vida enclaustrada, y nos abandonará, si es necesario, para lograr su vocación.

Por lo tanto, proclamo este desafío:

Extendamos una cálida bienvenida a los adventistas visionarios. Los pastores, miembros maduros y los líderes de la iglesia deben extenderla. Que la bienvenida se extienda a todo tipo y color de adventista. Que se extienda a todo aquel que por su amor a la iglesia osa presentar una nueva idea. Pongamos a un lado discusiones de insignificancias doctrinales, así también como la desconfianza y las sospechas. Dejemos que santas imaginaciones alcen vuelo.

Esta es otra manera de decir un Si al Espíritu Santo y un No a los temores que nos paralizan. Dios nos ha de ayudar a elevar nuestras miras a blancos más transcendentes. El puede encender nuevas pasiones. Puede hacer que desconfirmemos el determinismo sociológico que nos reduce a algo menos que levadura y luz.

En ese magnífico fin de semana, Kendra Haloviak fue más que visionaria en su maravilloso sermón sobre el significado biblico de santuario. Fue parte de lo que hizo que los jóvenes quisieran que la conversación siguiera más allá del domingo por la mañana. El sermón demostró que la re-invención del adventismo no sólo provee discernimiento sino también… entusiasmo, ese artificio que hace que nos excitemos.

El efecto de ese sermón puede difundirse, pero solamente si extendemos una calurosa bienvenida a todos.

Fuente: Café hispano / Spectrum magazine
Autor: Charles Scriven es presidente del Kettering College of the Medical Arts (Ohio) y es uno de los directores del Adventist Forum/SPECTRUM.
Traducción: Herold Weiss
Fotografia: Detalle. The parking lot is full / Jan 30, 2002

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martes, 31 de marzo de 2009

Venezuela: Equipo de búsqueda no encuentra nada sino interrogantes, después de 40 días de la desaparición del avión misionero

Más de un mes desde la desaparición de un avión médico misionero sobre las junglas del sureste de Venezuela, el equipo de búsqueda aún está desconcertado y continúa buscando pistas.

El Cessna 182N que llevaba al piloto Robert Norton y su esposa, junto con otros cinco pasajeros, desapareció temprano el 16 de febrero. Ellos estaban transportando pacientes enfermos para atención médica especial (ver la historia previa aquí).

David Gates, quien es el fundador de Aviación Médica Adventista (AMA), la organización que Norton y su esposa estaban liderando en Venezuela, recientemente pasó un par de días en Venezuela tratando de clasificar información reunida por el equipo de búsqueda.

Gates confirmó con el mecánico del avión que el Equipo Transmisor Localizador de Emergencia (ELT, por sus siglas en inglés) del avión estaba funcionando perfectamente.

"Puesto que no hubo señal reportada o captada por aerolíneas o grupos de búsqueda, tenemos que asumir la posibilidad de que el avión no se estrelló, sino que desapareció por otras razones", dijo él.

También hubo una larga serie de transmisiones de parte de Norton antes de que el avión desapareciera, que no eran comprensibles debido a difíciles condiciones climáticas en el momento.
"Bob muy raramente hacía transmisiones largas así que debe haberse tratado de algún problema serio", añadió Gates.

Gates dice que un choque contra un acantilado ha sido básicamente descartado "puesto que el helicóptero del gobernador ha hecho cuidadosas búsquedas en la base de todos los posibles acantilados, los cuales afortunadamente tienen sólo arbustos bajos, lo cual hace fácil ver el terreno".

Mientras la búsqueda aún continúa, Gates continúa siendo actualizado sobre los hallazgos y permanece optimista de que el avión será encontrado.
"Animamos a todos a mantenerse orando por todas las personas implicadas mientras la búsqueda continúa", ruega Gates.

Fuente: División Interamericana / Departamento de Comunicación

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